COMUNIDAD CIVIL Y COMUNIDAD CRISTIANA (*)

| 1 junio, 2015

Pensamientos sobre la función del Estado y la Iglesia. Como se relacionan y cual debe ser la actitud de la comunidad de fe.
El discernimiento entre el Estado justo y el Estado injusto y sus consecuencias.

Entendemos por comunidad cristiana lo que comúnmente llamamos por el nombre de Iglesia y por comunidad civil lo que generalmente se llama Estado.

El uso de la palabra comunidad para describir ambas entidades señala, desde el comienzo, la relación positiva que existe entre las dos. Sin lugar a dudas en este sentido San Agustín hablaba de civitas coelestis et terrenae y Zwinglio de la justicia divina y la justicia humana. El doble uso del concepto de comunidad pretende llamar nuestra atención al hecho de que ni en aquello que llamamos Iglesia, ni en eso que llamamos Estado, tenemos que ver tan solo con instituciones y funciones sino con seres humanos unidos corporativamente con el fin de planear y ejecutar tareas comunes. Con mucha razón se ha venido utilizando cada vez más, durante los últimos años, el término comunidad para designar a la Iglesia.

La comunidad Cristiana (Iglesia) es el conjunto de personas que en un lugar, región o país han sido llamadas aparte por Jesucristo y se reúnen como cristianos a causa de Su conocimiento y por la vocación que han recibido para confesar su nombre. El sentido y propósito de esta “asamblea” (ekklesía) es llevar una forma de vida común creada por el Espíritu Santo. En otras palabras, participar todos en una vida de obediencia a la Palabra de Dios en Jesucristo, Palabra que escucharon y que ansiosamente quieren volver a escuchar. Se reúnen también con el propósito de transmitir esta Palabra a otros. De otra forma: se trata de su existencia como miembros de un cuerpo del cual Cristo es la cabeza.

La expresión interior de su vida como comunidad Cristiana es la fe, el amor y la esperanza que les sostiene y les alienta; la expresión visible es la Confesión común de la fe aceptada por todos, la responsabilidad común, reconocida y ejercida, de dar a conocer el nombre de Jesucristo a todos los hombres y la adoración y acción de gracias que se ofrece en común.

La comunidad civil, el Estado, es el conjunto de personas que viven en un lugar, región o país, unidas por un estatuto legal que rige igualmente para todos, es obligatorio para todos y está establecido y garantizado por la fuerza. La razón de ser, el sentido y fin de esta comunidad (la tarea de la polis, la tarea política) es asegurarle al individuo una libertad exterior, relativa y provisoria; y al conjunto una paz igualmente relativa, exterior y provisoria, para que dentro del marco de la vida individual y colectiva puedan expresarse las características humanas. Los tres medios principales que le permiten a la comunidad civil cumplir con esta función son: las leyes, con la finalidad de establecer un orden válido para todos; el gobierno y la administración, cuya misión consiste en asegurar la puesta en práctica de las leyes; el aparato jurídico que en casos de duda está encargado de resolver los conflictos.

Nos damos cuenta que, dentro de la comunidad civil, los Cristianos ya no se encuentran solos; viven lado a lado con no-cristianos o cristianos nominales. La comunidad civil incluye a todos los ciudadanos. Por esta razón no puede tomar conciencia de su relación con Dios en forma homogénea.

Los distintos poderes, legislativo, ejecutivo y judicial, que caracterizan la vida del Estado, tienen sus similares bien definidos en la vida de la Iglesia, a pesar del carácter más libre y más ágil que allí se encuentra y del fondo puramente “espiritual” que se le atribuye. Aunque la comunidad Cristiana no abarca la totalidad de los hombres de un lugar sino tan solo a los Cristianos –a los que se confiesan como tales, y tratan de serlo con mayor o menor sinceridad-, ella, que ha sido llamada la “luz del mundo”, quiere dirigirse a todos los hombres. Delante de ellos confiesa su fe, para ellos recibió su mensaje. Habiendo sido llamada a todo el pueblo de una localidad, región o país, la comunidad Cristiana tiene tanta importancia como la comunidad civil. Según 1era de Timoteo 2:1-7, es bueno y acepto delante de Dios, que los Cristianos lleven una vida quieta y tranquila en toda piedad y honestidad; y Dios quiere que todos los hombres sean salvos y que lleguen al conocimiento de la verdad. Es por esta razón que los Cristianos deben orar por todos los hombres y particularmente por los “reyes”, es decir, por aquellos que tienen cierta responsabilidad dentro de la ciudad (que abarca a todos los hombres). En esta perspectiva la existencia de una comunidad Cristiana, lejos de ser apolítica, es política en una de sus funciones principales.

La comunidad Cristiana reconoce en la existencia de la comunidad civil, lo mismo que en su propia existencia, -sean sus funcionarios y representantes Cristianos o no y sin entrar a considerar su personalidad como individuos- un acto de la voluntad divina (ordenación, institución, creación); es decir, una exousía [poder, autoridad] que existe y actúa de acuerdo a la voluntad de Dios (Rom.13:1). En la comunidad civil, en el Estado… estamos… en una constante de la providencia y del orden universal de Dios, que, para bien del hombre, está destinado a ser un contrapeso del pecado: en una palabra, estamos en presencia de un instrumento de la gracia divina. De esta forma comparte su origen y centro con la comunidad Cristiana.

La comunidad civil no posee una existencia separada del orden de Jesucristo y con fundamento propio: es –fuera de la Iglesia, pero no fuera de este orden– un factor del Reino de Jesucristo. Según el Nuevo Testamento, forma parte de las “potestades” que han sido creadas en El y que El tiene en sus manos (Colosenses 1:16). Como tales no pueden separarnos del amor de Dios (Romanos 8:37) porque, como lo demostró la resurrección de Jesucristo, están a su disposición. El dispone de ellas según su voluntad (Mateo 28:18). La actividad del Estado es también, por consiguiente, servicio a Dios, según la palabra del apóstol (Romanos 13:4).

La comunidad Cristiana reconoce pues, con respeto y gratitud hacia Dios, que el Estado es una bendición de orden divino.

En ningún caso la Iglesia puede permanecer indiferente o neutral frente a una institución que está evidentemente tan estrechamente unida a su propia misión.

La Iglesia tiene que permanecer siendo la Iglesia… La comunidad Cristiana ha recibido una responsabilidad que no puede ceder a la comunidad civil… La comunidad Cristiana proclama la soberanía de Jesucristo y la esperanza del Reino de Dios que viene. Por su propia naturaleza la comunidad civil no tiene nada que ver con esta tarea.

La comunidad Cristiana se somete a la comunidad civil luego de discernir, según su conocimiento del Señor… entre el Estado justo y el Estado injusto, es decir, después de distinguir entre una forma política y otra, peor o mejor, entre el orden y la arbitrariedad, entre poder y tiranía, entre libertad y anarquía, comunidad y colectivismo, entre los derechos de la personalidad y el individualismo, entre el Estado según Romanos 13 y el Estado según Apocalipsis 13… Según la opinión que haya sacado de esta forma podrá elegir y querer tal régimen o rehusar tal otro… se comprometerá por una causa, oponiéndose a otra. Esta actitud que implica un discernimiento, un juicio, una elección, una voluntad y un compromiso… define la “sumisión” de la comunidad Cristiana a la comunidad civil, aquello que nosotros llamamos coresponsabilidad política.

(*) Esta nota fue extraída de: Párrafos escogidos de KARL BARTH – Comunidad Civil y Comunidad Cristiana Montevideo, Ediciones Tauro – ULAJE, 1967 (traducción Elizabeth Lindemberg de Delmonte). (pp.29-32,35-36,39,40,42,49-50)

 

 

Karl Barth

Karl Barth (1886-1968)
Teólogo
Padre de la neoortodoxia
Brillante pensador cristiano del siglo XX

 

 

 

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Categoria: Edición 15 | ¿Me asocio o me aíslo?, entrega 5, SOCIEDAD, Sociología

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