INCONFORMES

| 1 junio, 2015

Cada vez que le hablo a Dios con el corazón “rendido y derramado a sus pies” (en un lenguaje no tan evangélico sería: “cuando estoy furioso, frustrado y quiero largar todo por la borda”), suelen pasar dos cosas:

  1. Siento una paz enorme, de aquellas que es imposible explicar con palabras, tan sólo por el hecho de saberse escuchado, entendido y consolado por Jesús, quien tiene la virtud de mirarte más allá y mucho más profundo de lo que lo hacemos los mortales entre nos;
  2. Lejos de recibir una respuesta instantánea, al Creador del universo le parece más efectivo ahorrarse los gastos de envío de un ángel que me diga cómo o qué hacer, ocurriéndosele en su defecto casi siempre la misma idea para que destrabe el conflicto que me aqueja: mandarme otra persona con exactamente los mismos achaques y planteos, tan llena de dudas como yo. Paradójico, ¿no?

inconformes

Sin embargo, aunque al principio no me causa la menor gracia, debo admitir que esta solución divina me reactiva, anima e impulsa a continuar arriesgando, ya que si la sé aprovechar, disfruto cada encuentro, sabiendo que no estaré solo frente a mis gigantes la próxima vez que busquen lío.

Creo que Dios lo hace para que aprenda el eterno valor de tenernos cerca. En las juntadas, en las miradas cómplices, en el diálogo fraterno y en el reflexionar con libertad sobre la fe, adquiero mucho más pilas y ganas de seguir que si el mismísimo ángel Gabriel, quien en otras épocas supo bajar por estos lados a dar buenas nuevas, me tirara la posta, y ya.

Hace poco, durante la tarde-noche de un domingo otoñal, tuve el privilegio de compartir tiempo de calidad con una amiga, la cual quiero mucho (y que no revelo su nombre porque no sabe aún que escribí estas líneas). Desde que la conozco, nunca dejó de sorprenderme la enorme capacidad de observación y análisis que tiene; la sencillez y el humor tan característicos en ella, complementan armónicamente con la agudeza de su pensamiento. De vez en cuando, apenas surge el espacio, nos juntamos a charlar sobre la iglesia: pensarla, amarla y a veces sufrirla es parte de ser y estar en ella.

Lo interesante es que entre chiste y chiste, de esos que uno hace para romper el hielo, y durante los primeros momentos de la charla, pude notar que nuestras miradas ya venían manteniendo otro tipo de diálogo, uno mucho más profundo y sin tantos rodeos. Dicen por ahí que los ojos son las puertas del alma, y que si uno observa con detenimiento, podrá ver directamente al corazón del otro, completamente desnudo, vulnerable; y puede que así sea, ya que los de mi amiga reflejaban lo que parecía ser una gran tristeza, pero de esas que se mezclan con resignación. Cuando le pregunté si todo estaba bien, confirmé lo que temía: mi amiga, luego de haber luchado como pudo contra los pesados embates de la rutina eclesial, terminó por estar en las reuniones sin estarlo, sintiendo lo que un ratoncito cuando corre a toda velocidad en la ruedita de su jaula: Que por más rápido que corras, nunca llegarás a ningún lado.

Al igual que yo, ella está INCONFORME: el hartazgo y la incomodidad por las costumbres autómatas, los criterios personales hechos dogmas inamovibles y la manía de algunos de hacerte entender (directa o indirectamente) que las cosas “fueron, son y seguirán siendo así”, son evidentes en nosotros. La pregunta es ¿Qué hacer cuando la inconformidad es mal vista por muchos de nuestros hermanos, a quienes amamos en Cristo? ¿Es saludable mantener una unidad a cualquier costo?

Mantener este nivel de conciencia sujetada con grilletes puede ser agobiante, además de no ser algo buscado. Más bien es una reacción natural involuntaria, casi instintiva frente a los defensores del statu quo religioso, y en definitiva de cualquier índole; ante quienes proclaman la libertad que es en Cristo, pero amordazan con sus actitudes a quienes asoman con expresiones alternativas, o los que anuncian la Verdad, creyéndose asimismo dueños de ella. Mi amiga, como tantísimos otros, sufre en silencio conciliador el aburrimiento de saber qué escena viene a continuación en una película vista una y mil veces durante años.

——————Perdón si me fui por las ramas…volvamos a la charla.——————-

Luego de que ella lograra poner en palabras lo que yo venía percibiendo en su mirada, comenzamos la parte que más me agrada, que es cuando los saberes, experiencias y visiones de cada una de las partes se chocan, fundiéndose en un abrazo, tomando nuevas formas, cambiando de color.

Pasamos de un tema a otro, hilando la conversación como se nos daba la gana, sin saber específicamente en donde desembocaría. Sabíamos que compartíamos la misma inquietud, y que el Espíritu Santo estaba en medio participando, de modo que si Él nos juntó, también nos ayudaría a entender para qué. La democracia, Nelson Mandela y la cuestión del apartheid, Martin Luther King y hasta cómo estaba configurada la forma de gobierno en la denominación bautista tuvieron su lugar en el diálogo.

Tan sólo para no aburrirlos más, puedo decirles que la charla fue de gran ayuda para ambos. Dios conocía nuestras oraciones y ruegos; sabía que no nos daba lo todo lo mismo, y que ya no podíamos seguir iguales. Tal como dije al principio, creo que nos juntó para que nos demos cuenta del valor de estar cerca, y que la solución siempre estuvo entre nosotros, esperando ser activada: funcionar como cuerpo, sin auto-amputarnos del mismo.

A continuación, algunas de las conclusiones a las que arribamos:

  • Yo soy la Iglesia: Los domingos a la noche, generalmente, nos juntamos en el TEMPLO. La iglesia se junta todos los días, a toda hora, con más o menos gente, en donde yo esté, o no. Si a la iglesia le va bien, a mí también; si ella está pasando por dificultades, soy el primero en revisar mis actitudes y modificarlas. Si uno de mis hermanos sufre siendo lastimado por otro, estoy en plenas facultades para pedir perdón en nombre del ofensor; al fin y al cabo, a mí es quien lastimó, y yo fui el que lo ofendí.
  • Estar inconforme NO ES MALO: Todos, absolutamente TODOS los cambios que hicieron que este mundo sea un poco mejor, comenzaron en gente que se sentía incómoda, que no encontraba cabida en lo preestablecido; “No entrar por el aro” (como diría mi papá) también puede llevarnos a pelear con nuestros hermanos, y aun destruir todo lo que se nos ponga en frente. Conscientes de esto, mi amiga y yo decidimos parar la pelota, y usar la inconformidad como instrumento de cambio: buscar florecer donde la tierra es estéril, amando y transformando en comunidad, para que la iglesia sea un lugar para todos.
  • Unidos pero DIVERSOS: Tal como los primeros discípulos, amamos a Jesús, pero somos todos muy distintos. Mi amiga y yo a veces tenemos posiciones tomadas sobre ciertos temas; la pasión nos mueve a defender con uñas y dientes lo que creemos mejor. Pero no consideramos en absoluto que deba primar nuestra opinión por sobre la demás, ni que se deba “barrer” el trabajo que con tanto esmero llevan otros hermanos a cabo. Todas las opiniones y puntos de vista pueden y deben coexistir: En el acuerdo y la unanimidad se verá cuál es el mejor camino a tomar.
  • Estamos cansados de las mismas formas una y otra vez, pero eso no sería lo esencial; haber cambiado los himnos por las melosas canciones de nuestros cultos (¡pareciera que pensamos en Jesús como un galán de telenovelas!) realmente da lo mismo. La cuestión es que las formas, y aún la estructura nunca deben estar por encima de la gente. Todas ellas pueden y deben cambiar, ya que somos parte de un organismo (vivo) y no una organización.
  • Unidos pero no pegoteados
  • Unidos pero no uniformes 
  • Diversos, no rivales
  • Más o menos amigos, pero jamás enemigos
  • Santos, no perfectos 
  • Con opinión y voz propias, pero jamás jueces

Querida amiga: ¡Te QUIERO MUCHO! Que Jesús te llene de VIDA, de RENUEVO y de PAZ; Que Su ternura y pasión te guíen en el maravilloso camino de ser y hacer iglesia.

No tengas miedo, pues yo estoy contigo;
no temas, pues yo soy tu Dios.
Yo te doy fuerzas, yo te ayudo,
yo te sostengo con mi mano victoriosa.

Isaías 44:10 (Dios habla hoy)

 

Guillermo Rodriguez

Guillermo Alejandro Rodríguez
Pastor de jóvenes y adolescentes de la IGLESIA BAUTISTA DEL NUEVO TIEMPO (Almirante Brown, Pcia. de Buenos Aires)
Miembro fundador del MOVIMIENTO DE EMERGENCIA COMUNITARIA (Ministerio evangelístico/pastoral/social orientado a trabajar con las personas en situación de calle, abandono y/o riesgo)
Participación ministerial en la HORITA FELIZ (Claypole y Adrogué)
Músico profesional (batería y percusión)
Actualmente cursando el último año del Bachillerato Superior en Teología, en FIET (Facultad Internacional de Educación Teológica)

 

 

 

 

Cordialmente es la expresión de PASTORESxlaGENTE que fiel a sus principios no procura fijar conceptos únicos, sino que busca expresar la diversidad en la pluralidad que caracteriza al movimiento evangélico.

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Categoria: Edición 15 | ¿Me asocio o me aíslo?, entrega 5, PASTORAL, Vida Pastoral

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