SER UNO

| 29 junio, 2015

En principio el uno es un poco más que el cero, es uno de los números más bajos. Sin embargo cobra mucha importancia si le siguen otros ceros, como por ejemplo si tenemos que cobrar un cheque.

En el campo divino, también el uno cobra importancia. Habla de la unidad y de la unicidad de Dios. Al Señor, el único Dios verdadero, le agradó llamar a un hombre desde el paganismo para hacerle el padre de la fe, y hacer de su familia una nación redimida de entre todas la naciones.

Un Dios que se mostró imponente y santo en el Monte Sinaí. Un Dios que condujo a Israel en las batallas de la vida, dándole leyes a seguir para distinguirse de todo el resto de la humanidad. Un Dios a la vez Uno y Trino, todavía un misterio para la razón del hombre. Este maravilloso Dios mostró al hombre y, sobre todo, a sus siervos un modelo para imitar, a su propio Hijo.

El hombre de Dios, siempre ocupado en las tareas de los negocios de su Padre, reflexivo y a veces aplastado por semejante tarea, se ve sobrepasado por tal responsabilidad ante el Creador y el hombre. El gran tema es si nuestra reflexión procede, imita al pensamiento divino o es simplemente el nuestro. La pregunta es cuál es el parámetro a contemplar.

La mejor forma de entender cómo debemos pensar, actuar y relacionarnos en la vida ministerial está en la Palabra. Pablo, el gran escritor, evangelista, apóstol y teólogo dice en Filipenses 4 del hombre de Dios: “… para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños, sacudidos por las olas y llevados de aquí para allá…” Versión Biblia de las Américas.

La frase que resalta, a mi entender, de este pasaje es “un hombre maduro”. En la versión Reina Valera figura como “un varón perfecto”. Ambas frases son sinónimas en este contexto. El ser maduro o perfecto a los ojos de Dios es llegar a la estatura de la plenitud de Cristo para llegar a la unidad de la fe. Desarrollando brevemente este concepto podemos entender que llegar a este punto es tocar la cima del propósito divino.

Cristo es nuestro modelo a seguir, pero la pregunta sería ¿qué hizo él? Veamos Filipenses 2:5-11. Allí se menciona el accionar de Jesús. Lo que El hizo golpea fuertemente: “se despojó a sí mismo, tomó forma de siervo y se humilló”. ¡Qué camino tan diferente al pensamiento exitista del siglo XXI. Sin embargo por este camino Dios “le exaltó hasta lo sumo”.

Muchas veces deseamos la exaltación sin el proceso correspondiente de transformación en verdaderos servidores.

Este mismo Jesús, previo a su muerte se presentó al Padre en oración y dijo: “ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre Santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre para que sean uno, así como nosotros”. Jn. 17:11.

Volviendo al comienzo de la nota, pareciera que el uno es poco, pero en las matemáticas divinas es mucho, un solo Dios, una fe, un bautismo, un solo cuerpo así como el Padre y Cristo. Esta oración unificadora puede ser contestada si el hombre se despoja, toma forma de siervo y se humilla tal como Jesús.

Pensando en la tarea encomendada en la “gran comisión”, sería bueno y, hasta aconsejable, que el pueblo de Dios pensase en la realidad circundante de un mundo que se abate en el pecado, la miseria, la incredulidad y aún muchos motivos más. El presente es el momento para hacer realidad la oración de Jesús, “que sean uno, así como nosotros”. “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” Jn. 13:35 Si ya no somos uno, seremos 0,00…, 0,00…., 0,00… ¿Cuál era el deseo inicial de Dios? 

 

carlos blanco

Carlos José Blanco
Graduado en el IBRP.
Licenciado en Teología en ISUM.
Autor de varios libros para el Instituto de Educación Teológica por Extensión (I.E.T.E.).
Presidente del Directorio del Instituto Bíblico Río de la Plata.
Profesor en diversos Institutos bíblicos.
Pastor en Buenos Aires.

 

 

 

 

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Categoria: Edición 15 | ¿Me asocio o me aíslo?, Editorial, entrega 9, Reflexiones

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