EL TIEMPO. TUS TIEMPOS

Muchos de nosotros nos quejamos de la falta de tiempo. Parece que los días son más cortos que antes, ya no alcanzan para las múltiples ocupaciones que tenemos y llegamos agotados al final de la jornada sin haber cumplido con todo lo programado. Las agendas de hoy son tan complejas que apenas dejan tiempo para el descanso.

Niños y adolescentes no escapan a este ritmo vertiginoso, sino que están también complicados en esto. Ni la más tierna infancia escapa a tener obligaciones (guarderías, taller de estimulación temprana, escuela de doble jornada, clases de idiomas, de música, de computación, etc.). Los adultos también llenamos nuestra agenda con cantidad de actividades no siempre tan necesarias ni importantes.

Sin embargo como creyentes debemos ser buenos administradores de nuestro tiempo, es decir administradores de nuestra vida, ya que ella es precisamente tiempo. La vida aquí en la tierra la medimos en días, meses, años, todas unidades de tiempo. Cuando hablo de administrar lo hago en un sentido amplio, no sólo de organizarla para alcanzar a hacer más, sino de ocuparnos y entender que hay diferentes momentos y diferentes circunstancias y, que estos, deben ser gestionados para nuestro florecimiento personal.

Dios habla en su Palabra que hay un tiempo para todo. En el libro de Eclesiastés capítulo 3 Salomón habla de tiempos muy específicos, que todos tendríamos que considerar y es lo que vamos a hacer, por lo menos en parte, en esta nota.

Tiempo de nacer, hermoso tiempo el de despertar a la vida, aún disfrutado más por quienes rodean al bebé que por él mismo que poco o nada entiende.

Tiempo de plantar, de sembrar proyectos, sueños, esperanzas, tiempo de generar expectativas e ilusiones.

Tiempo de reír, disfrutar con otros deseos, metas, programas, de compartir alegrías y logros.

Tiempo de amar, tiempo de sueños compartidos, de proyectos en común, de intimidad emocional.

Tiempo de hablar, de abrazar, de bailar, tiempo de paz, todos tiempos agradables, felices, en los que la compañía de los otros nos hace bien, nos agrada, tiempo que se disfruta y que no queremos que terminen.

Pero también están esos otros tiempos…..

Tiempo de arrancar lo plantado, cuando las cosas no han prosperado como deseamos y se tienen que hacer cambios, cuando el rumbo debe ser rectificado, cuando los planes tienen que ser modificados para poder seguir hacia adelante.

Tiempo de perder, tiempo en el que todo lo logrado se diluye, donde lo deseado, querido y esperado ya no está. Quedamos con las manos vacías sin entender bien que es lo que pasó, pero hay que seguir.

Tiempo de callar, a casi todos nos gusta hablar, decir lo que pensamos, hacer valer nuestra opinión, pero hay tiempo que esto no sirve, es necesario el silencio, acallar la voz, es el tiempo de la reflexión silenciosa, profunda, íntima, libre de influencias, que haga surgir lo que realmente está dentro nuestro.

Tiempo de desechar. Muchas personas coleccionan artículos variados y otros juntan cosas inservibles. En el plano emocional también sucede, muchos acumulan enojos, recuerdos buenos y de los otros, sentimientos y a la larga tienen una mochila tan pesada que no la pueden cargar. Hay un tiempo para desechar todo lo que es un lastre en la vida y que nos impide avanzar, crecer y madurar, deshacernos de este estorbo nos hace renovar las fuerzas para progresar.

Tiempo de morir, es el tiempo más difícil de resolver y el único que no tenemos dudas de que llegará. Un pensador dijo “El hombre sólo está seguro de que morirá”, desde que nacemos se sabe nuestro fin. Pero desde un plano más simbólico, hay tiempo de morir a muchas cosas, cuando llegamos al Señor morimos al pecado (aunque, vez tras vez, andamos resucitando); al casarnos morimos a otras personas (ya no nos relacionaremos sentimentalmente con otro); también debemos morir a sueños no alcanzados, a proyectos frustrados, a diversas circunstancias que se han cruzado en nuestras vidas y no se han convertido en una realidad, sino en un fracaso, dejarlas atrás nos lleva a una mejor vida.

Al final de la vida llega el tiempo de morir realmente; como cristianos este tiempo no tiene porque ser un tiempo desagradable, nuestra esperanza de vida eterna debe hacernos entender que este es un paso a algo mejor. Este tiempo que nos acerca al fin puede ser un tiempo de reflexión, de acercarnos más a Dios, a la familia, a la iglesia, tiempo de volcar nuestra experiencia en otros, un tiempo de decir junto con el apóstol “Para mí el morir es ganancia” (Filipenses 1:21).

Para el cristiano cada tiempo es un momento para ser vivido en la presencia de Dios, en su compañía y con su bendición. El Señor sabe cada una de nuestras circunstancias y hoy cómo hace unos 3000 años todavía podemos decir con el salmista “En tus manos están mis tiempos” (Salmo 31:15a).

 

Etel Taccari Polignano

Etel Taccari Polignano
Junto a su esposo, son pastores en el barrio de Colegiales, de la Ciudad de Buenos Aires
Unión de las Asambleas de Dios
Master en Teología Práctica
Profesora de matemática, física y química
Trabajó por décadas en el Departamento Nacional de Misioneritas UAD (ministerio dirigido a niñas y adolescentes)
Profesora en institutos bíblicos externos

 

 

 

 

Cordialmente es la expresión de PASTORESxlaGENTE que fiel a sus principios no procura fijar conceptos únicos, sino que busca expresar la diversidad en la pluralidad que caracteriza al movimiento evangélico.

Las notas publicadas en esta edición digital reflejan la opinión particular de los autores.

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Categoria: Edición 16 | Nuestro mensaje, entrega 1, PASTORAL, Vida Pastoral

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