ALEGRÍA CHILENA

| 13 julio, 2015

Dios no es ajeno a esa historia de liberación.
Escenario de muerte donde hoy el pueblo celebra la vida.

Desde este lado de la cordillera varios millones de argentinos y, no menos argentinas, esperábamos el gol especial que nunca llegó y perdimos la final de la Copa de las Américas. Sin embargo al ver la felicidad del pueblo chileno que enrojeció la pantalla del televisor me uní a esa fiesta pensando que, en 1973, ese Estadio Nacional fue convertido por la dictadura militar de Pinochet en campo de concentración. Ayer llanto y dolor, fusiles y picanas, hoy alegría, canciones y fuegos artificiales. Pensé en los miles de refugiados que lograron escapar de aquel infierno y que vivieron en el exilio, muchos de ellos hoy aplaudiendo el triunfo.

Momento de enorme significado que no podemos ignorar, lección de historia que nos dice “las dictaduras no tienen futuro sea del tipo que fueren, podrán durar un tiempo más o menos largo pero, finalmente, los pueblos abrirán otros caminos de igualdad y libertad”. Me atrevo a decir que, desde la fe, Dios no es ajeno a esa historia de liberación. ¡Qué hermoso fue ver al pueblo chileno en el mismo escenario donde ayer reinaba la muerte, hoy transformado en lugar de celebración de la vida!

Esa misma historia se ha vivido en otros lugares del mundo, entre ellos en nuestro país, donde lugares como la Escuela de Mecánica de la Armada que fue lugar de exterminio, hoy es lugar de cultura, encuentro, programas educativos y denuncia de un régimen que enlutó nuestro país. Años atrás participaba en un encuentro ecuménico en Panamá y me sorprendió gratamente escuchar al orador decir “este lugar donde estamos reunidos era el edificio de la Escuela de las Américas donde miles de militares aprendieron a torturar y reprimir a los pueblos de América Latina y Caribe”.

Ayer manifestación de la muerte, hoy celebración de la vida. Valiosa lección que nos dice que todo lo que hacemos motivados por amor y en servicio a la dignidad humana, la justicia, en resumen, la vida, no es en vano porque, como buena semilla, tarde o temprano dará su fruto. Estoy seguro. Lo confirma la historia.

Dedicado al Pastor Guido Bello y su familia.

 

aldo

Aldo Etchegoyen                                                                                                                    Obispo (e) Iglesia Evangélica Metodista Argentina
Presidente (e) de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos

 

 

 

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