MENSAJE SELLADO CON MUERTE

| 13 julio, 2015

Por una cuestión de orden cronológico, Abel es el que encabeza la lista de Hebreos 11. Al hablar sobre su vivencia, el autor expresa: “… y muerto, aún habla por ella”[1].

Podemos imaginarnos toda la situación dramática que se vivió en el entorno de aquella primera familia, cuando Caín mató a Abel y fue desterrado por Dios. De aquel primer mártir nos ha quedado velado todo su mensaje. No sabemos ni una sola palabra de lo que alguna vez expresó, sin embargo “aún habla”.

El morir es algo fundamental en la experiencia del que quiere servir a Dios. Sea que muera en el sentido físico y, de esa manera, se transforme en un mártir; o sea que muera a sí mismo, en un acto de entera consagración.

En el libro de Apocalipsis, cuando se informa de los distintos grupos de personas que estarán en la Gloria, La Biblia sólo describe dos conjuntos.

Por un lado está la multitud de los salvados. “Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en sus manos”[2].

En el otro grupo, que en realidad es un subgrupo, porque también pertenecen al ya citado, están los mártires. Se nos dice “Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían. Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?”[3].

Cito solo estos dos versículos, pero ambos grupos (o grupo y subgrupo mejor) están repetidos en el Libro Escatológico.

En la Gloria estarán los salvados y los únicos distinguidos serán los mártires. No habrá reconocimientos para los ministerios famosos, los que sobresalieron de alguna manera, los más conocidos, o como quiera describirlos. Los únicos con fama especial serán los mártires.

Hay algunas actitudes que denotan un apego a la notoriedad, de tal manera que pareciera que eso es lo buscado. La popularidad es agradable a nuestro ego y hace que, en ocasiones, su búsqueda se refleje en nuestras maneras de actuar o hacer.

En otras, aparecen doctrinas novedosas tales que nos presentan como un “hijo del Rey y por tanto príncipe” que llevan a la gente, especialmente al líder, a un disfrute temporal y humano mientras realiza la tarea encargada por el Eterno y Divino.

El mensaje que perdura es el que está sellado con la muerte. “Porque nosotros que vivimos, siempre estamos estregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De manera que la muerte actúa en nosotros, y en vosotros la vida”[4] nos dejó dicho San Pablo, remarcando expresamente que los beneficiados del mensaje son los receptores, a costa de la muerte del predicador.

¿Cómo no citar a nuestro Señor?, de quien el Apóstol Pablo dijera: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”[5].

La muerte a través del martirio no es una determinación nuestra. Y, presupongo, ninguno de nosotros la quisiera por elección. Pero Jesucristo amplió el concepto de la enseñanza, permitiéndonos a todos involucrarnos en esta actitud. “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto”[6].

En un mundo donde el exitismo manda, en el que cinco minutos de fama se pagan con extravagancias, en el que sobresalir y ser conocido es un logro importante, el peligro es que esa actitud se entrometa en nuestro accionar y hasta nos condicione en el mensaje.

Pero si “… para mí el vivir es Cristo, y el morir ganancia”[7] se transforma en una filosofía básica de vida y ministerio, constituyéndose de esa manera en el motor de nuestra actitud al llevar la comisión que tenemos encomendada, probablemente nuestra persona y nombre no alcancen relevancia, pero, como Abel, aún muertos, seguiremos dando nuestro mensaje.

[1] Hebreos 11:3
[2] Apocalipsis 7:9
[3] Apocalipsis 6: 9-10
[4] 2da Corintios 4:11-12
[5] Filipenses 2:5-8
[6] Juan 12:24
[7] Filipenses 1:21

 

Rodolfo Polignano PxG

Rodolfo Polignano
Pastor en el barrio de Colegiales de la Ciudad de Buenos Aires
Unión de las Asambleas de Dios
Actualmente desarrolla una tarea pastoral de colaboración con varias Iglesias en Presidente Derqui.
Profesor del Instituto Bíblico Río de la Plata durante 30 años
Escritor y maestro se especializa en Homilética
Bajo su ministerio pastoral se levantaron 12 nuevas congregaciones
Sirvió muchos años como presidente de Evangelismo de la Unión de las Asambleas de Dios

 

 

 

Cordialmente es la expresión de PASTORESxlaGENTE que fiel a sus principios no procura fijar conceptos únicos, sino que busca expresar la diversidad en la pluralidad que caracteriza al movimiento evangélico.

Las notas publicadas en esta edición digital reflejan la opinión particular de los autores.

La dirección de Cordialmente procura que la expresión bíblica “examinadlo todo, y retened lo bueno” sea el objetivo, por lo cual se invita a los distintos escritores a presentar sus fundamentos dejando el juzgamiento del artículo en cada uno de los lectores.

 

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Categoria: Edición 16 | Nuestro mensaje, entrega 2, Reflexiones

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