¿CUÁL ES LA NECESIDAD DE LA IGLESIA DE HOY?

| 3 agosto, 2015

Meditar sobre el estado de la iglesia y la necesidad de quienes la componen, nos permite hacer un diagnóstico para poder recuperar el rumbo (en el caso de haberlo perdido), o seguir edificando aquellas cosas que van funcionando correctamente.

Todo análisis tiene algo de subjetividad, por ende, no pretendo creer que lo que yo pienso es lo que realmente pasa, sino exponer lo que puede ser una problemática frente a la Palabra de Dios, y dejar que cada uno pueda escudriñarlo todo y retener lo bueno, sabiendo que cada uno puede pensar diferente.

Creo personalmente, que el objetivo principal y primordial de cada cristiano debería ser poder ver y entrar en el reino de Dios. Esto consiste en tener ojos espirituales (ver), para poder discernir los tiempos y el camino que Dios va poniendo delante, y vivir una vida de obediencia a la voluntad del Padre, donde realmente el sea el Rey de nuestra vida (entrar). Fallamos en interpretar los caminos que Dios va poniendo delante; tenemos nuestras ideas, nuestros proyectos, nuestros sueños; y queremos que Dios los bendiga pero nunca le preguntamos si El está de acuerdo, nos ponemos en el lugar de rey y queremos que Él sea nuestro siervo, cuando en realidad El dice: “yo toco y tu bailas”.

Para comprender esto un poco más, hay un pasaje de La Biblia en Juan 3:1-5 que dice: “Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”.

Jesús está explicando que para lograr ver y entrar en el reino, es necesario nacer del agua y del espíritu. Este fenómeno en nuestra vida, forma dos rieles en nuestro andar; que funcionan como la vía del tren, para que este pueda llegar a su destino o cumplir su propósito. Nacer del agua hace referencia al proceso de limpieza en nuestra vida (el agua en La Biblia es símbolo de limpieza). Representa la obra de Jesús en la cruz a favor de nosotros. Cuando creemos en su obra maravillosa y vemos nuestro estado de pecado, sucede este fenómeno. El limpia nuestro pecado, nos santifica, nos presenta justos ante el Padre, nos abre el camino a su presencia. Esta parte como iglesia la hacemos bastante bien, este riel está bien construido.

El segundo riel consiste en el nacimiento del Espíritu. Quiere decir que debe pasar algo más en nosotros; bien dentro nuestro, que nos capacite para ser esas personas que jamás llegaríamos a ser humanamente, y nos permita hacer cosas que jamás lograríamos por nuestras propias capacidades. Este nacimiento es la tercera persona de la Trinidad obrando en nosotros, el Espíritu Santo enviado por Dios, para ayudarnos y asistirnos; porque no es por obras, (porque por las mismas nadie puede ser justificado); sino por la transformación de nuestro corazón, que nuestras obras cambian, y esto es obra de Dios por el Espíritu Santo.

Piense por un momento, de nada sirve esconder la amargura, o el resentimiento, o la falta de amor, o la falta de fe, o la falta de paciencia, o no exteriorizar un pecado pero en el fondo desearlo. Justamente, el Espíritu viene a cambiar nuestro corazón, ese lugar donde habitan nuestros deseos, donde se comienzan a manifestar nuestras acciones, para que haya cambios verdaderos.

Es este riel que hemos descuidado como iglesia (hablo en líneas generales), y muchas cosas nos cuestan demasiado porque las queremos hacer nosotros y vivimos una vida de religiosidad. Creemos que lo que nos falta es responsabilidad de alguien más, y asistimos a variadas reuniones, escuchamos mensajes de prosperidad, fórmulas que teóricamente van a cambiar nuestra vida, buscamos el pastor “más ungido”; pero seguimos igual, dentro de nosotros seguimos luchando con las mismas cosas que nos aquejan, vemos que nuestra vida está lejos de ser transformada. ¿Por qué? Porque le hemos quitado protagonismo al Espíritu Santo en nosotros. Una constante que encontramos en el libro de Hechos (libro que narra los primeros pasos de la iglesia) es que los cristianos estaban llenos del Espíritu Santo. Debemos preguntarnos ¿de qué estoy llenando mi vida?

Hay muchos pasajes en La Biblia que nos hablan de la vida en el Espíritu: Romanos 8:6 dice que “el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del espíritu es vida y paz; Gálatas 5:16: Digo, pues Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne; Gálatas 5:22: “el fruto del espíritu es amor, gozo, paz…; Efesios 4:30: “no contristéis al Espíritu Santo con el que fuisteis sellados para el día de vuestra redención”.

Estos pasajes nos enseñan cuál debe ser nuestra relación con Él. Ocuparnos habla de dedicar tiempo, como una lectura devocional, una vida de oración, asistir a las reuniones, comunión con los hermanos. También nos enseñan que debemos andar según El nos va guiando, saber que el va a producir en nosotros lo que tanto necesitamos, va a darnos ese amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza que muchas veces no sabemos dónde encontrar.

Hay un consejo de Pablo en 1° Corintios 10:23, dice: “todo me es lícito, pero no todo me conviene, todo es lícito, pero no todo edifica”. La responsabilidad y la solución están en nosotros y en ver de qué manera nos ocupamos del espíritu. Al fin y al cabo, sólo Él puede ayudarnos a ser lo que nunca lograremos por nosotros y hacer lo que no podríamos lograr jamás en nuestras fuerzas.

 

Damián Parignino

Damián Parigino
Graduado del Instituto Bíblico Río de la Plata
Colabora en la Iglesia de la Comunidad de Necochea, Pcia. de Buenos Aires
Da clases de escuela bíblica en el formato del I.E.T.E.

 

 

 

 

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Categoria: Edición 16 | Nuestro mensaje, entrega 5, PASTORAL, Vida Pastoral

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