LAS PUERTAS DE LA COMUNIDAD DE FE | PARTE 1

| 28 septiembre, 2015

LA ACCION DE LA COMUNIDAD EVANGELIZADORA

El mensaje que debemos predicar en este tiempo, cumplirá su objetivo si es presentado en la forma correcta. En cuatro notas analizaremos la importancia del mensaje predicado con las palabras y con los hechos.

El Señor nos envía a “anunciar el evangelio” (Marcos 16.15) y “hacer discípulos en todas las naciones, enseñándoles que guarden todas las cosas que él nos ha mandado” (Mateo 28.19-20), como sus “testigos hasta la ultimo de la tierra” (Lucas 24.48; Hechos 1.8). La visión y la misión son claras en el envió de Jesús.

En la Iglesia, llamamos “evangelización”, anuncio, predicación o proclamación del evangelio, a esta misión de “hacer discípulos”. En este sentido, la evangelización es el “testimonio” de la comunidad creyente, en la que se manifiesta el Espíritu del Señor, para llamar a otras personas a la fe y a la relación personal con Jesucristo. La evangelización comienza así con la “confesión de fe”, con el propósito de llevar a otras personas a que hagan su propia “confesión de fe”.

Considero que hasta aquí, como en todo criterio general, la evangelización, como tarea de una “comunidad evangelizadora”, se presenta claramente. Sin embargo, cuando encara concretamente la tarea, la comunidad evangelizadora tiene que plantearse en que consiste específicamente la evangelización.

Son muchas las respuestas dadas a tal pregunta, bíblicamente fundadas y probadas en la experiencia de la Iglesia. Tratare de resumir los énfasis más compartidos, al menos en nuestro ámbito evangélico, utilizando cuatro palabras claves: “llamado”, “proclamación”, “acompañamiento” y “presencia”. Estas, representan diversos ministerios, cuya valide ha sido fundada y hasta defendida con exclusividad.

 

  1. LLAMADO

El primer lugar, sin que esto indique prioridad, aunque para muchos es la característica fundamental, se afirma que la evangelización es un “llamado a la decisión por Cristo”. Esto esta suficientemente claro en los mucho “envíos” que Jesús hace a sus discípulos. Además, para aquellos que han vivido la experiencia del “encuentro personal con Jesucristo”, tomando la decisión de ser sus seguidores, es una tendencia casi “natural” e irresistible hablar de ella a otras personas para que puedan experimentar lo mismo. Se suele referir al propósito de este ministerio, como el “ganar almas para Cristo” o “hacer que se entreguen al Señor”.

Ciertamente, esta experiencia es muy fuerte, porque está enraizada en los afectos y sentimientos más profundos y porque produce cambios evidentes para la persona que lo vive. Es una experiencia que hace “sentir”, “apasionadamente”, la presencia de Dios, en Jesucristo, por su Espíritu. Es por lo mismo, una experiencia que mueve de tal manera, que normalmente no alcanzan las palabras para expresar lo vivido. Es por esta razón que frecuentemente tal experiencia se expresa en el “testimonio personal” y en gestos litúrgicos como el acto de adoración a Dios, el canto de alabanza, la oración a veces incomprensible (1 Corintios 14.2) o el arrebato que hace pensar a otros que quien lo tiene “no anda bien” (Hechos 2.13). Esto no es casualidad, la poesía y el canto, y aun “las palabras y los actos incomprensibles”, constituyen el lenguaje primigenio de la experiencia religiosa. Por otra parte, esto explica por que “el culto”, “el servicio que rendimos a Dios” o “liturgia”, ocupa un lugar central en la vida y la misión de la Iglesia.

Esto esta muy bien fundado en la Palabra de Dios y en la experiencia, tema tan querido por la tradición “evangélica” que heredamos.

Sin embargo esto no es la evangelización.

  

  1. PROCLAMACIÓN

En segundo lugar, se afirma que la evangelización es la “proclamación del Evangelio”, lisa y llana, que confronta a toda persona con la revelación de la Palabra en Jesucristo. Esta proclamación debe ser “profética”, por lo cual requiere comprensión y entendimiento (1º de Corintios 14:14-15). La evangelización, se afirma en contraposición, no puede ser tan solo una experiencia personal, “sentimental” y “emotiva”. Por lo mismo, su expresión no puede acabar en un acto de culto del que se puede participar sin mucha comprensión; ni en el testimonio subjetivo o la repetición de una experiencia personal estereotipada que se pretende presentar como el paradigma de todas las experiencias; ni en la mera “alabanza” sin contenidos (aunque nada existe “sin contenido”).

La evangelización requiere una “base firme” en la Palabra, mediante la predicación y la enseñanza, de tal manera que pueda brindar, a quien la recibe, un profundo cimiento doctrinal y ético para vivir “una nueva vida en Cristo”. El contenido de la predicación y la enseñanza es “la Palabra que nos a sido dada y transmitimos” (el “kerigma”), que constituye el corazón de nuestra fe (1º Corintios 15:3; 11:23). Esto esta suficientemente claro en el propio envió de Jesús a sus discípulos: “vayan”, “testifiquen”, “prediquen”, “enseñen”.

Esto está muy bien fundado en la Palabra de Dios y avalado por la tarea de la iglesia y sus “grandes” predicadores, un ministerio tan privilegiado por la tradición “evangélica” que heredamos.

Sin embargo, esto no es la evangelización.

 

  1. ACOMPAÑAMINETO

En tercer lugar, se afirma que la evangelización es una tarea de “acompañamiento pastoral para ayudar a descubrir la acción del Espíritu” en la propia vida. No basta con decirle a la gente lo que debe creer y como debe vivir de una manera general, esperando que luego se arreglen como bien les pareciere. El “conocimiento inoperante” vale tan poco como el “sentimiento vacío”. ¿Qué seguridad tenemos de que lo predicado y enseñado llegue a ser una realidad en la de esas personas, para ser “nuevas criaturas en Cristo”? Para ellos es necesaria una continua orientación en el camino de la fe, una guía para aquellos que están en el “seguimiento de Jesús”, especialmente en sus “primeros pasos”. Por ello, aunque la fe es una experiencia “personal” necesita ser vivida en una “comunidad de fe”.

En la comunión (koinonia”) viva de las y los creyentes con Jesucristo y entre si, bajo la inspiración del Espíritu Santo, sus miembros se acompañan mutuamente, se exhortan y consuelan unos a otros y se fortalecen con la Palabra y la oración, en el camino de la santificación (2º Corintios 1.3-4). La comunidad, mediante muchas “mediadoras y mediadores de la Palabra”, tiene un lugar importante en la evangelización. En encuestas realizadas personalmente, coincidentes con otras, constatamos que la gran mayoría habla de su “conversión” como un largo proceso, en el cual tuvieron un papel preponderante el testimonio, el consejo y el acompañamiento de muchas hermanas y hermanos, más que una experiencia repentina sin intervención directa de otras personas.

Esto está bien fundado en la Palabra de Dios y probado en la práctica evangelizadora de la Iglesia, especialmente en la tradición “evangélica” que heredamos.

Sin embargo, es no es la evangelización. 

 

  1. TESTIMONIO

En cuarto lugar, se afirma que la evangelización es el “testimonio mediante la presencia y compromiso en el mundo”, manifestando el amor de Dios hacia las personas. La gente tiene que poder “ver” lo que la obra de Dios es capaz de hacer en quienes creen. Se llega incluso a afirmar que no son necesarias las palabras, pues una acción de amor habla mucho más que mil discursos. ¿Cómo podemos decir que “amamos a Dios”, “si no amamos a nuestros semejantes”? (1º de Juan 4.20-21). ¿Qué valor pueden tener las palabras, si no van acompañadas de señales? (Mateo 5.16; Marcos 16.16-18). Debemos simplemente “testificar con nuestras vidas” y el Espíritu hará el resto. No se trata solamente de un propósito de “santidad personal”, sino también de una “presencia” de amor que ayude a la transformación, tanto de la comunidad y de la sociedad toda, como de la vida personal (lo que Juan Wesley llama “sanidad social).

Es claro que el servicio (“diakonia”), como una señal del amor de Dios revelado en Jesucristo, responde a la naturaleza misma del evangelio (Mateo 20.26-28). La comunidad creyente tiene que ser también una comunidad sirviente, como “sierva” del “Siervo”, para servir en su nombre (Hechos 3.6).

Esto está muy bien fundado en la Palabra de Dios y sostenido en la práctica de la Iglesia, como lo representa una fuerte línea de la tradición “evangélica” que heredamos.

Sin embargo, esto no es la evangelización.

 

PRÓXIMAS ENTREGAS

LAS PUERTAS DE LA COMUNIDAD DE FE | PARTE 2

LA ACCIÓN EVANGELIZADORA

LAS PUERTAS DE LA COMUNIDAD DE FE | PARTE 3

LO QUE DIOS HACE | CUATRO PUERTAS DE LA IGLESIA

LAS PUERTAS DE LA COMUNIDAD DE FE | PARTE 4

JUNTOS EN EL DISCIPULADO

 

 

Emilio Monti PxG

Emilio Monti
Pastor metodista.
Licenciado en Teología.
Profesor de Filosofía y Pedagogía.
Doctorando en Ciencias Humanas y Arte.
Profesor Emérito del Instituto Universitario ISEDET
Ex Decano y Profesor de Teología Práctica del Instituto Universitario ISEDET
Ex Profesor de Ciencias de la Educación en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora
Capellán y Vicerrector de la Universidad del Centro Educativo Latinoamericano de Rosario (UCEL)
Trabajó activamente en ayuda a Refugiados (CAREF) y en defensa de los Derechos Humanos (MEDH) y en la acción ecuménica (FAIE)
Integró a nombre de las iglesias evangélicas el Consejo Nacional de Políticas Sociales del Gobierno de la Nación

 

 

 

Cordialmente es la expresión de PASTORESxlaGENTE que, fiel a sus principios, no procura fijar conceptos únicos, sino que busca expresar la diversidad en la pluralidad que caracteriza al movimiento evangélico.

Las notas publicadas en esta edición digital reflejan la opinión particular de los autores.

La dirección de Cordialmente procura que la expresión bíblica “examinadlo todo, y retened lo bueno” sea el objetivo, por lo cual se invita a los distintos escritores a presentar sus fundamentos dejando el juzgamiento del artículo en cada uno de los lectores.

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Categoria: Edición 16 | Nuestro mensaje, entrega 12, Reflexiones

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