SIN ALMA

| 5 octubre, 2015

Los declararon sin alma e hicieron lo que quisieron. Porque no siempre la “legalidad” es lo justo, sino el designio de los poderosos.

En la época de su apogeo, muchos de los griegos, incluidos algunos de sus grandes filósofos y pensadores, llegaron a la conclusión que las mujeres no tenían alma. Una vez arribados a tal conclusión, no tenían ningún impedimento en considerarlas muy por debajo de la estima que les correspondía.

La mujer, como un perro, un caballo o el animal que se le ocurra, al no tener alma era propiedad del hombre y este podía disponer a su antojo de ella, que pasaba a ser su propiedad y no tenía ninguna obligación moral toda vez que la consideraba en ese estado de “sin alma”.

Los romanos, autores del derecho romano, base de nuestras constituciones y tratados legales, llegaron a la conclusión que los esclavos no tenían alma. Por ende, la situación se repetía. Cualquier cosa que se le hiciera o exigiera a un esclavo, aún quitarle la vida, no tenía ningún correlato ético, legal, moral o religioso, ya que si no tenía alma, no era ser humano.

Al final de la Edad Media, cuando Europa alcanzó un poderío peligroso, se produjo el descubrimiento de América. Nuevamente se repitió el sistema de los griegos y los romanos, en este caso se consideró que los pueblos originarios del nuevo continente no tenían alma.

Es así que, los mal llamados indios, pasaron a ser una cosa propiedad de los invasores europeos. Ellos los tomaron para sus propios caprichos y deseos, desposeyéndolos de todo lo que tenían y rebajando su nivel a una consideración paupérrima.

Si no tenían alma y no eran personas, se los podía usar como a un buey o burro y matarlos sea por placer, necesidad o porque estaban enfermos. Fue así que la población de algunas zonas quedaron reducidas, en sólo cien años, a un 10 % de lo que eran antes de la llegada de los colonizadores.

Para esa misma época, otras potencias europeas atacaron África y llegaron a la misma conclusión con los negros. No tenían alma. Eso implicaba el derecho a esclavizarlos, matarlos, tirarlos al mar si molestaban en los viajes o se enfermaban. La historia se venía repitiendo.

No he querido, por simple pudor, comentar los derechos a los que se creían los griegos, romanos, conquistadores de América o negreros en África con referencia a lo que podían hacer sometiendo sexualmente a las mujeres, sean las esclavas, indias o negras. Pero no necesito explayarme en eso porque es una aberrante historia sabida.

El avance de los derechos civiles, basados en cientos de años de reclamos de las víctimas y la acción de muchos héroes que supieron mirar las cosas de una manera distinta, fue cambiando la situación. Muchos de ellos hombres de Dios y hermanos nuestros en la fe, que lucharon contra la esclavitud en cualquiera de sus manifestaciones, mostrando que toda persona había sido creada a imagen y semejanza de Dios. Que tenía alma. Que era persona.

Entre los más famosos podemos citar a Martin Lhuter King[1] y Nelson Mandela[2] en épocas recientes y, yendo hacia atrás en la historia, a William Wilberforce[3].

La historia se repite. Y hoy, en distintas partes del mundo, los que tienen la posibilidad de determinar cuestiones sobre otros, vuelven a designar “sin alma” a otro colectivo. En este caso se trata de los nonatos.

Para determinar la viabilidad de legalizar el aborto, se vuelve al mismo viejo axioma, no “tienen alma”. Se determina que hasta determinada etapa de la gestación esos fetos no son personas. Entonces se puede disponer de la vida de ellos.

Jean Edmond Cyrus Rostand[4] solía decir: “la ciencia nos ha hecho dioses, antes de merecer ser hombres”.

Note que sólo estoy hablando de los casos legalizados de sometimiento. Podría hablar de los ilegales como ocurre en los talleres clandestinos de ropa en la Ciudad de Buenos Aires o con algunas tareas rurales en el interior de nuestro país. Ni hablar de los prostíbulos y las mujeres sometidas allí. Pero esos casos son ilegales y, cuando se logra atravesar la maraña de personajes siniestros que realizan estos sometimientos en contubernio con políticos, fuerzas de seguridad, funcionarios judiciales, se llega a una condena.

Pero a lo que me refiero en esta nota es a las situaciones donde se disfraza de legalidad a lo que no debiera serlo. Situaciones donde los poderosos decretan que determinados sectores “no tienen alma” y por ende se puede disponer de ellos, hasta de sus vidas.

Debemos respetar la vida y los derechos de cada persona, aún de los no nacidos. La Biblia nos señala que, desde el vientre de nuestra madre, Dios nos conoce y elige para tareas a desarrollar.

La “legalidad” de hacer un aborto, está basada en la misma premisa de sometimiento a las mujeres de parte de los griegos, de los esclavos de parte de los romanos o de los indios y negros, de parte de los europeos. Simplemente alguien decreta que no son personas.

Sólo basta un poderoso que determine lo que la conveniencia de sus allegados dictamine y una ley promulgada que transforme lo malo en bueno.

Luego vienen las excusas y los argumentos. Y es fácil armarlos. Se tomarán casos extremos donde la lógica de la mente mundana dirá que tienen razón. Se utilizarán ejemplos de personas, presuntamente religiosas, que en lo escondido también hacía estas maldades y se justificará todo.

Pero Dios sigue siendo el único con derecho sobre la vida.


 

[1] Pastor bautista que desarrolló una labor crucial en Estados Unidos al frente del Movimiento por los derechos civiles para los afroamericanos y que, además, participó como activista en numerosas protestas contra la Guerra de Vietnam y la pobreza en general. Fue premio Nobel de la Paz.
[2] Abogado, activista contra el apartheid, político y filántropo sudafricano fue presidente de su país en el periodo de 1994 a 1999. Fue Premio Nobel de la Paz.
[3] Miembro del Parlamento Británico, lideró una campaña en contra de la esclavitud. Propuso un proyecto de ley a la Cámara de los Comunes para eliminar la esclavitud en 1791. Y desde entonces defendió el proyecto abolicionista hasta 1807, año en que su proyecto de ley fue aprobado por el Parlamento Británico.
[4] Escritor, biólogo, filósofo y académico, miembro de la Academia Francesa

 

Rodolfo Polignano PxG

Rodolfo Polignano
Pastor en el barrio de Colegiales de la Ciudad de Buenos Aires
Unión de las Asambleas de Dios
Actualmente desarrolla una tarea pastoral de colaboración con varias Iglesias en Presidente Derqui
Profesor del Instituto Bíblico Río de la Plata durante 30 años
Escritor y maestro se especializa en Homilética
Bajo su ministerio pastoral se levantaron 12 nuevas congregaciones
Sirvió muchos años como presidente de Evangelismo de la Unión de las Asambleas de Dios

 

 

 

 

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Categoria: Edición 16 | Nuestro mensaje, entrega 13, SOCIEDAD, Sociología

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