INDEPENDENCIA ARGENTINA

| 4 julio, 2016

El clamor de una declaración atravesada por dos siglos de historia y vivencias.

La intención del grupo de patriotas, reunidos en aquella cuna de la patria que fue la Casita de Tucumán, fue asumir la responsabilidad de conformar una nación.

El grito de libertad, que durante seis años se había proclamado en todos los rincones de la patria, demandaba la madurez de realizar una declaración formal de Independencia que hiciera conocer en toda la tierra el deseo inquebrantable de un pueblo que asumía la responsabilidad de transformarse en una nueva nación.

Nacía la Argentina, luchando en su parto contra el Imperio que la sojuzgaba.

A lo largo de su historia, repelió y resistió diferentes invasiones militares; sin embargo, las lanzas financieras y comerciales nos han herido permanentemente, ya que la verdadera independencia siempre es la económica, tal como Salomón lo sintetizara en Proverbios 22.7: el que debe es esclavo del acreedor.

La sangre de las luchas por la Independencia se prolonga, con distintas formas y argumentos, hasta nuestros días, razón por la cual, a lo largo de doscientos años de vida de nuestra nación, el pueblo debió soportar el asedio de águilas, caranchos, buitres y cuervos, portadores de banderas de diferentes colores, pero con una misma intensión: el coloniaje.

Infructuoso hubiese sido el obrar de cada uno de ellos, de no haber contado con la colaboración de hijos bastardos de la patria. Aquellos que oprimieron a su morena hermana:

“Morena soy, oh hijas de Jerusalén, pero codiciable…
No reparéis en que soy morena, porque el sol me miró.
Los hijos de mi madre se airaron contra mí;
me pusieron a guardar las viñas; y mi viña, que era mía, no guardé.”
Cantares 1.5-6 (RV1960)

Por esta causa, creemos necesario levantar la bandera y proclamar, una vez más y en forma definitiva, la Independencia, pues solo un pueblo de corazón libre puede ser independiente.

Como una voz pastoral, profética, llena de amor, evocamos las palabras del bueno de San Pablo, deseando que nuestra patria y su pueblo sean felices, sin deuda alguna y con amor fraternal unos por otros. Sabedores de que el día se acerca, para vivir verdaderamente emancipados, hacemos un llamamiento para despertar nuestras conciencias, desechando las tinieblas, aferrados a la honestidad. Solo así, seremos libres e independientes:

“No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros;
porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley.
Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño;
porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. 
La noche está avanzada, y se acerca el día.
Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. 
Andemos como de día, honestamente…”
Romanos 13.8, 11-13a (RV1960)

¡¡¡FELIZ DÍA, HAGÁMOS PATRIA!!!

 

 

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Categoria: DOSSIER de ACTUALIDAD, Edición 17 | Lealtades, entrega 1

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