¿Y VOS QUÉ HICISTE PARA QUE TE CRUCIFICARAN?

| 31 julio, 2016

La lealtad de Jesús en una respuesta imaginaria a la actitud instalada desde los medios de comunicación de criminalizar a la victima.

Mihrtha Legrand, hoy 87 años, una estupenda actriz del cine argentino de mediados del Siglo XX, en su programa “Almorzando con Mirtha Legrand” reúne actores, intelectuales, políticos y gente de la “farándula” (teatro de revistas, reality shows, “botineras”, como tales conocidas las chicas de la farándula que salen con astros del  fútbol).

Los encuentros los sábados a la noche y los domingos a la hora, precisamente del almuerzo, gozan de gran popularidad en la Argentina.

Mirtha suele decir “¡qué mesaza tendremos hoy!”. Mesaza, una hermosa mesa, de amistad y discusión, ese es el significado de la palabra que se tornó lema. Aquí en esta mesaza Mirtha invitó a Jesús, el domingo 13 de diciembre del 2015, según la construcción simulacro cuyo autor o autora yo desconozco. Mirtha le preguntó a Jesús:  ¿Y vos qué hiciste para que te crucificaran?

Frente a la pregunta de Mirtha a Jesús,  surgió en mi pensamiento esta respuesta que le adjudiqué a Jesús en la “mesaza” imaginaria.

 

Responde Jesús

Gracias por invitarme, apreciada señora Mirtha. Para mí es un placer llegar a su público. Sucedió así.

Además de criticar la teocracia, la hipocresía, la injusticia, hacer sanaciones y curar en día sábado, junté gente a mi alrededor que me seguía. Impedí además que apedreen a una mujer por preceptos moralistas y admití en mi grupo a otras (tal vez discutibles), una de las cuales me lavó los pies con un aceite muy caro, mucho más que todos los perfumes de origen francés. Acepté tipos que cobraban impuestos para el gobierno romano y gente de naciones o etnias de segunda clase (y con esto me refiero concretamente a unos llamados samaritanos).

Protesté porque a mi primo Juan le cortaron la cabeza a pedido de una “botinera” (esas chicas que salen con reconocidos jugadores de fútbol), a continuación de lo cual en una muestra de lo que hoy llamaríamos sadismo, la expusieron en una bandeja en un banquete.

También debemos sumar las enseñanzas que prediqué en una ladera de un monte a gente de menores recursos, mayormente jornaleros, tal vez, como dijo Deepak Chopra, sucede, oh buena y amable señora, que el día de la fiesta de Pascua me fui al templo en Jerusalén, envestí a chicotazos y expulsé a unos tipos que vendían animalitos para los sacrificios (también había cambistas de dinero para los judíos diaspóricos que manejaban otra moneda diferente). Sostuve que había que terminar con los sacrificios de animales, y a mis inmediatos les dije que en cambio yo iba a inmolarme.

Incluso les enseñé que era necesario esperar el Bautismo del Espíritu Santo, advirtiéndoles que yo volvería.

Eso es todo lo que hice, otros cuentan cómo ellos y ellas me vieron de nuevo, pero le explico, afamada señora, nada más lo que fue publicado, no le cuento si tuve algo que ver con los Zelotes, y debo decirle, de paso, que nunca hablé de mi nacimiento virginal, ni hice recomendaciones para que le recen a mi mamá (con su perdón señora, con humildad y decencia, y respeto a sus creencias que me parece usted tiene).

En fin… me entregó Judas Iscariote. Entiendo que le pagaron unos 70 dólares, es decir algo más de 1000 pesos argentinos, pero en realidad fueron 30 “denarios de plata” como dice en su evangelio Mateo. Algunos analistas calculan que eso equivaldría a un sueldo medio de aquellos tiempos. Pero, como quiera que sea, a lo de Judas yo lo tenía claro. Sabía que ese tipo iba a entregarme. Y, finalmente, él se suicidó.

Disculpe señora por haberme extendido tanto en mi respuesta.

En lo último que le hablé no quise decir tan sólo “denarios”, porque a su programa lo sigue mucha gente y yo quise hablar con lo que podríamos llamar “sentido común” para no ser demasiado complicado.

Nada más agregaría, señora, para cerrar mi respuesta, que estas comidas son tan sabrosas,  los vinos que usted nos ofrece son exquisitos. Y por otra parte, me gusta la gente que usted suele traer. Algunas chicas que usted invita y que suelen llamar botineras me caen simpáticas, algunas veces sencillas, otras parecen naive *. Yo no soy de andar abriendo demasiado juicio sobre diversas cuestiones.

Bueno, pero ya no entraré en más detalles. Me tomé la licencia de hablar tanto. Y usted tendrá que darle la palabra a otros invitados. Tenía tal vez, necesidad interior de contarlo.

* Naive: ingenua

 

 

Hilario Wynarzczyk

Dr. Hilario Wynarczyk
Doctor en Sociología (Universidad Católica Argentina, UCA)
Master en Ciencia Política (Universidade Federal de Minas Gerais, Brasil, UFMG)
Licenciado en Sociología (Universidad de Buenos Aires, UBA)
Profesor de Metodología y Taller de Tesis (Universidad Nacional de San Martín, UNSAM)
Integrante de los consejos directivos de:
Asociación de las Cientistas Sociales de la Religión en el Mercosur (ACSRM)
Consejo Argentino para la Libertad Religiosa (CALIR)
Pertenece a:
Red Latinoamericana de Estudios Pentecostales (RELEP)
Programa Latinoamericano de Estudios Socio-Religiosos (PROLADES)
Grupo de Estudios Multidisciplinario sobre Religión e Incidencia Pública (GEMRIP)
Ha sido integrante del Consejo de Expertos de las Secretaría de Culto de la Nación
Investigador y escritor

 

 

 

 

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Categoria: Edición 17 | Lealtades, entrega 5, SOCIEDAD, Sociología

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