QUÉ PENSAR

| 26 diciembre, 2016

Cada uno en su tiempo y con sus cosas; sin embargo, los sueños y la hostilidad son los mismos.

A Martin Luther King lo hostigaron, lo golpearon de todas las formas posibles.
Fue acusado de adulterio con dudosas fotografías, investigado y perseguido por la CIA que le intentó plantar pruebas falsas y armar causas judiciales por fuera de su activismo.

Además, lo encarcelaron por protestar “alterando el orden público” en la ciudad de Birmingham, en abril de 1963, hecho que horrorizó a los religiosos de su tiempo: cuatro obispos romanos, tres pastores evangélicos y un rabino lo condenaron por su participación en marchas pacíficas en defensa de las minorías segregadas. El duro documento que ellos hicieron público motivó la respuesta del pastor King en la conocida “Carta desde la cárcel de Birmingham” (1).

La prensa en mano de los poderosos, quienes no querían perder la mano de obra barata del colectivo afroamericano, lo atacó de todas las formas y ángulos posibles.

Hasta el día de hoy, por la acción de aquella difamación mediática, se lo censura en algunos círculos evangélicos; en forma personal, he recibido mensajes descalificatorios hacia él, y por ende hacia mi persona, por mentarlo y honrar su lucha, valentía, teología y memoria.

Al cometer “el pecado” de sumarse a la lucha contra la guerra de Vietnam, agregó el condimento que faltaba para ser difamado por los sectores fundamentalistas. Allí se escucharon los adjetivos más descalificadores (2).

Denostado por los sinrazón ni corazón, venció cuando lo mataron, tal como lo hizo su Señor, aquel que le habló en los días del dolor, en las madrugadas del miedo y en la desolación (3).

El 15 de enero cumpliría 88 años.
Se lo recuerda como un héroe, muerto, sí, un héroe muerto, petrificado en un solemne monumento, desde el cual no habla ni declara más. Sus peores detractores y enemigos lo elogian, utilizan oportunamente sus palabras haciéndolas propias y le brindan homenajes.

¿Qué sería de su fama, si estuviera vivo en esta hora de la humanidad?
¿Cuáles serían las posturas que asumiría ante nuestra realidad?
¿Cómo sería el tratamiento de los medios de comunicación, la sociedad y la Iglesia para con un hombre que no se callaba ante la injusticia?
¿Cuál sería su reputación de no haber sido asesinado?

Advertido por la Palabra que vivimos en un mundo de vanidades y mentiras, tal como nos anticipara el Señor Jesús: días en los cuales aumentará la maldad, desde la tumba, nos expresa su sensación cuando leemos su lápida, en la que reza la frase:

“Libre al fin, libre al fin,
Gracias al Dios omnipotente,
soy libre al fin”

Un músico amigo y hermano, me envió el video que comparto (3). Nos identificamos con su mensaje ante las amenazas que pueblan la jungla en la que vivimos. Me impacto escucharlo, pues venía de meditar en mi devocional sobre las enseñanzas de Pablo a los corintios. El apóstol de Tarso abriendo el cofre del discernimiento espiritual vital para estos confusos días en los que vivimos: hoy muchos hablan y, de los que hablan, muchos pueden decir al día siguiente lo opuesto a lo de ayer, que será distinto al discurso de mañana.

Llegar a tener la mente de Cristo, esa es la clave en los tiempos del barullo y el aturdimiento.
Como en los días del buen samaritano, la historia demanda nuestra participación apasionada, esa que no descansa en la búsqueda de la justicia y la verdad, y cuando la encuentra, no duda en arriesgar su reputación, posición y aún la vida, para defender a los que no tienen voz, cumpliendo la tarea de la vocación pastoral a la que fuimos llamados (4).

Porque ¿quién de entre los hombres puede saber las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así mismo, nadie conoce las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.

Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que entendamos lo que Dios nos ha dado, de lo cual también hablamos, pero no con palabras aprendidas de la sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, que explican las cosas espirituales con términos espirituales.

Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son una locura; y tampoco las puede entender, porque tienen que discernirse espiritualmente.

En cambio, el hombre espiritual juzga todas las cosas, pero él no está sujeto al juicio de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿O quién podrá instruirlo? Pero nosotros tenemos la mente de Cristo.
1ª de Corintios 2.11-16 (NVI)

  1. Carta desde la cárcel de Birmingham
  2. Martin Luther King Jr contra la guerra de Vietnam
  3. El día que Martin Luther King escuchó la voz de Dios
  4. Proverbios 24.10-12 y 31.8-9 (RV1960)
    Si fueres flojo en el día de trabajo, tu fuerza será reducida.
    Libra a los que son llevados a la muerte; salva a los que están en peligro de muerte.
    Porque si dijeres: Ciertamente no lo supimos, ¿acaso no lo entenderá el que pesa los corazones?
    El que mira por tu alma, él lo conocerá, y dará al hombre según sus obras.
    Abre tu boca por el mudo en el juicio de todos los desvalidos.
    Abre tu boca, juzga con justicia, y defiende la causa del pobre y del menesteroso.

 

Guillermo Prein

Guillermo Prein
Pastor fundador del
Centro Cristiano Nueva Vida

 

 

 

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Las notas publicadas en esta edición digital reflejan la opinión particular de los autores.

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Categoria: Edición 18 | Los mensajes, Notas de fondo

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