LA TAREA PASTORAL EN MEDIO DE LA PANDEMIA

| 13 julio, 2020 | Responder

El ministerio encarnado: Antes de la tumba vacía hubo una cruz.

Quien hubiera dicho en el mes de enero que un virus de la familia de los coronavirus, el covid19 vendría a cambiar de manera tan radical, en varios aspectos, nuestros patrones sociales, culturales, económicos, educacionales y religiosos. Al día de la fecha y como siempre pasa en estos casos son más las preguntas que las respuestas, está bien, dado que es el mecanismo más adecuado, junto con la oración y la búsqueda del Espíritu Santo para entender el nuevo tiempo y nuestra pertinencia en medio de él.

Es dable comenzar diciendo que el covid19 dejo al descubierto una “normalidad” que de ninguna manera es lo “normal” para Dios. Vivimos en un mundo signado por una profunda desigualdad social, con infraestructuras de servicios que no llegan a todos, con falencias habitacionales y en el sistema de salud, en un mundo donde el pecado, la maldad y la corrupción se robustecen y los nacionalismos extremos se piensan como una respuesta adecuada.

Zygmunt Bauman y Leonidas Donskis usan el concepto de “ceguera moral”. Esa ceguera moral nos impide valorar adecuadamente aquellas cosas que deberían ser nuestra normalidad, todo es ambivalente, relativo, cambiante, se amolda a nuestra necesidad egoísta, individualista y narcisista que excluye al otro, no lo hace parte de nuestra mirada, de nuestra acción, de nuestra atención. El actual “es un mundo que ha dejado de controlarse a sí mismo, un mundo que no puede responder a sus propios dilemas y aliviar las tensiones que ha sembrado” (1).

Es más que claro que esa “normalidad” que el mundo aceptó y que tan bien describen los autores citados no puede ser lo normal para Dios, y tampoco debe serlo para Su iglesia. Debemos reconocer y aceptar que gran parte del poder en sus diversas formas, las luces, el show, la grandeza del evento sedujo a la iglesia. La banalidad, la mediocridad y miopía espiritual produjo una anomia eclesial y ministerial que, pese al crecimiento numérico, del cual incluso da cuenta el Conicet (2019), nos sumergió en un profundo letargo espiritual.

Volvimos a “foja cero” y este es un profundo mensaje de Dios para el mundo, pero particularmente para la iglesia siempre, su primer destinatario. Jesús era diferente, distinto, no encajaba en los patrones de su tiempo, no encuadraba entre los fariseos, los saduceos, los sacerdotes, los esenios, los zelotes. Su diferencia radicaba en su semejanza con el corazón de Dios. Por eso, estaba entre los necesitados, se acercaba a los leprosos, sanaba los enfermos, hablaba con las mujeres, le daba de comer a los pobres, se juntaba con recaudadores de impuestos, libertaba endemoniados y aún, trastocaba la naturaleza.

Cuando analizamos la vida de Jesús observamos que el Espíritu Santo conducía su vida en todos los aspectos. La santidad estableció el fundamento basal para su ser y hacer, no desde el discurso sino desde la acción, hay un increíble paralelismo entre lo dicho en el Sermón del Monte y lo vivido y hecho en la cruz. Sin dudas la pandemia dejo al descubierto que nosotros quizás no éramos tan diferentes al mundo porque en el fondo no éramos tan semejantes a Jesús.

Me parece que vuelve a ser pertinente recordar que la fuente del poder no es la unción solamente, sino el amor. Por décadas hicimos todo tipo de evento buscando la “fórmula” para recibir más poder, y dejamos de lado que todo lo que siempre impulso el obrar y la manifestación de Dios fue el amor. Jesús se entregó y murió como expresión máxima de ese amor, el sacrificio personal no fue una estrategia, su amor no fue discursivo, su entrega no fue oratoria, su dolor no fue escenografía.

Los pastores en este tiempo debemos reflexionar sobre si realmente vamos a encarnarnos para mostrar el amor de Jesús o simplemente vamos a seguir con la rutina religiosa desprovista de todo tipo de misericordia y amor. Tendremos que definir si serán más importantes nuestros ministerios y marquesinas o nos enfocaremos a mostrar y vivir a Jesús.

Los evangélicos estamos acostumbrados a ver la cruz vacía y es cierto, Jesús resucitó y está sentado a la diestra del Dios Todopoderoso, pero solemos obviar que antes de una tumba vacía hubo una cruz llena con el cuerpo sufriente de Jesús, entregado voluntariamente por amor a cada uno de nosotros.

A la luz de lo señalado y como inicio de un proceso de reflexión indispensable, me permito brindar algunas ideas base sobre la pastoral para la pospandemia, son:

  • Necesitaremos ser llenos del Espíritu Santo para ser como Jesús fue y luego hacer lo que Él hizo. Siempre fue más importante el ser que el hacer (Marcos 12:30).
  • Necesitaremos ser santos, esto nunca fue una opción (1ª Pedro 1:16).
  • Deberemos construir la imagen de Jesús en nuestra comunidad no la de nuestros ministerios. Nunca se trató de nosotros.
  • El virus nos hizo salir de la pseudo realidad de la oficina pastoral. Será menester ir a las personas ya no podemos esperar que ellas vengan a la seguridad de nuestros templos. Las tinieblas no se acercan a la luz, es la luz la que inunda las tinieblas (Juan 5:35).
  • Nuestro ministerio deberá comenzar a tener más olor a oveja que a mobiliario eclesial (Mateo 9:35).
  • Entender que el amor no se mide en cantidad de actividades sino por vidas impactadas por el amor de Dios.
  • Necesitaremos un ministerio signado por la máxima expresión del amor, el sacrificio personal.
  • Desarrollar una teología para el duelo adecuada. Los muertos por Covid19 no pudieron ser despedidos adecuadamente.
  • Finalmente, necesitaremos un ministerio que vuelva a estremecerse al pronunciar el nombre de Jesús, a quebrantarse al pensar en su amor, en definitiva, volver al primer amor.

(1)  Bauman & Donskis (2017, p.13).

Bibliografía
Bauman Z, & Donskis L (2017). Ceguera moral. La pérdida de la sensibilidad en la modernidad líquida.
Espasa libros, S.L.U. (Barcelona). España.

Pablo Marzilli 
Pastor de la Iglesia Bautista Vida y Restauración de Ramos Mejía, Buenos Aires
Licenciado en Ministerio por el Seminario Internacional Teológico Bautista
Abogado (Universidad de Buenos Aires)
Máster en Sociología (Universidad Católica Argentina)
Candidato a Doctor en Sociología (Universidad Católica Argentina)

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Las notas publicadas en esta edición digital reflejan la opinión particular de los autores.
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