NO ES CASTIGO, PERO SI UNA OPORTUNIDAD PARA CAMBIAR EL RUMBO

Reflexiones y valiosos recuerdos para encarar esta realidad mundial.

He tenido el privilegio de recibir una formación teológica académica. Sin embargo, uno de los aprendizajes bíblico-teológicos que con más frecuencia ha venido a mi mente durante estos días de pandemia, proviene más bien de la escuela dominical pentecostal de mi niñez: Cada vez que veas un arcoíris, recuerda que Dios prometió a Noé que nunca más castigará a los seres vivientes mediante su exterminio. El arcoíris es la señal de que Dios ha hecho un pacto con todos los descendientes de Noé, para que fructifiquemos y nos multipliquemos (Génesis 9, 1-17).

Aunque hace tiempo no he visto un arcoíris, este aprendizaje de mi infancia evangélica ha venido a mi memoria cada vez que los medios de comunicación o las redes sociales han difundido aquellas voces, felizmente minoritarias, que interpretan la pandemia como un castigo de Dios por el pecado en que vive la humanidad (aunque casi siempre apuntan al pecado de los demás, raramente al propio).

Posiblemente mi colega Omar Cortés también tuvo en mente esta historia bíblica, cuando declaró a The Clinic con contundencia: “Si la pandemia del coronavirus es un castigo de Dios, yo me hago inmediatamente ateo” (14/04/2020). Ahora bien, una cosa es rechazar este tipo de prédica castigadora, ajena a las buenas nuevas de Jesús, y otra cosa es desaprovechar la enorme oportunidad de aprendizaje (y de cambio personal y colectivo) que genera cada situación de crisis o catástrofe colectiva, con mayor razón si se trata de una catástrofe global. En este sentido, me parece que vale la pena preguntarse acaso el aludido relato del Génesis podría ayudarnos a identificar algunos aprendizajes en medio de la seguidilla de situaciones críticas que recientemente han puesto en tela de juicio la manera en que convivimos, tanto nacional como globalmente.

Mi formación bíblica académica me ayudó a descubrir que los capítulos de Génesis 1 al 11, en cuyo contexto se narra el pacto de Dios con Noé y su descendencia, contienen reflexiones profundas acerca de la raíz de los males (el pecado) que han roto la buena convivencia intra-humana, entre la humanidad y su casa (la naturaleza o el resto de la creación), y entre la humanidad y la divinidad.

Se ha sugerido que soberbia es la palabra que mejor ayuda a comprender en qué consiste dicha raíz: Génesis 3 muestra que la soberbia lleva a Adán y Eva (la humanidad, individualmente o en determinados grupos de poder) a definir lo que es bueno y lo que es malo en función de sus propios deseos, con prescindencia del proyecto de Dios para con toda su creación; Génesis 4 muestra que la soberbia lleva a Caín a negar el derecho a la vida de su hermano menor Abel, para evitar que su presencia le recuerde permanentemente su responsabilidad para con las personas más vulnerables; Génesis 6 muestra que la soberbia lleva a los más grandes (los más poderosos) a realizar alianzas y casarse entre ellos para establecer dinastías capaces de dominar sobre la tierra; afán de poder que vuelve a tematizarse en Génesis 11, con el proyecto de construir una mega ciudad con una gran torre “cuya cúspide llegue al cielo”.

Sería maravilloso si pudiéramos usar este tiempo de reposo y aislamiento forzoso, para preguntarnos hasta qué punto la soberbia humana, en sus diversas manifestaciones, está en la raíz de la amenaza que representa el cambio climático; de las desigualdades y la pérdida de legitimidad del sistema político que detonaron el estallido social en Chile; de las conductas y desaciertos, públicos y privados, que han facilitado la propagación global del COVID 19. Liberarnos de nuestra soberbia puede ayudarnos a reconocer nuestros límites, nuestra absoluta interdependencia, y redescubrir el diálogo y la cooperación como el único camino viable para seguir viviendo y conviviendo en la única casa que todas y todos compartimos.

Juan Sepúlveda González
Pastor pentecostal en retiro
Licenciado en Estudios Teológicos en ISEDET, Bs.As, Argentina
PhD Universidad de Birmingham, Inglaterra
Presidente del Servicio Evangélico para el Desarrollo, SEPADE
Vice-presidente de la Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas, FASIC
Profesor de la Comunidad Teológica Evangélica de Chile

Cordialmente es la expresión de PASTORESxlaGENTE que, fiel a sus principios, no procura fijar conceptos únicos, sino que busca expresar la diversidad en la pluralidad que caracteriza al movimiento evangélico.
Las notas publicadas en esta edición digital reflejan la opinión particular de los autores.
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Categoria: Edición 22 | NUESTRA AMÉRICA: CATACLISMOS Y ESPERANZAS, entrega 3, Reflexiones

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