NUEVAS NORMALIDADES

Pensar, imaginar y organizar otro mundo posiblehoy es urgente.

La pandemia del coronavirus puso en crisis la sociedad globalizada. La extensa internacionalización de las relaciones humanas fue lo que permitió una rápida expansión del virus convirtiéndolo en un problema mundial. La respuesta para frenar su avance es el opuesto complementario, el aislamiento de las personas en su espacio territorial más elemental: encerrarse en casa. Sin embargo, el aislamiento desintegra las relaciones productivas sociales que implican movimientos de personas y de mercancías. De ahí que, la política de cuarentena no se aplicó a la población involucrada en actividades consideradas esenciales para la vida: alimentos, salud, agua y energía, centralmente. Esa simple caracterización de la situación nos permite delinear algunas políticas estratégicas de mediano plazo, destinadas a mejorar la calidad de vida de la población e ir haciendo un camino en la incertidumbre de esta “nueva normalidad”.

La nueva normalidad es un término que refiere a que la vida que considerábamos normal probablemente no vuelva a regresar. Si el mundo futuro se encuentra acechado por la expansión de un virus en frecuente mutación, poniendo en riesgo la salud de amplios sectores de la población global, la vida hacia adelante deberá adaptarse para convivir con este nuevo escenario; más allá de la discusión valida sobre sí su origen y diseminación fue hecho de forma intencional o una respuesta a las acciones depredadoras y muchas veces irracionales del hombre a la naturaleza, a nuestra Casa Común.

Una de las consecuencias de este nuevo escenario es que las elites conservadoras, los dueños del poder global que en las protestas de la crisis financiera de 2008 ganaron popularidad como “los 1%” ese pequeño grupo dónde confluyen y se concentra la riqueza y el poder global; buscarán aprovechar este contexto para aumentar el control sobre la población. Rastreo de movimientos por GPS, tecnología de reconocimiento facial, identificación electrónica obligatoria, eliminación de manifestaciones y de encuentros grupales presenciales, teletrabajo y des-sindicalización, control de las comunicaciones personales, manipulación de la información y el amplio despliegue del poder de las fuerzas de seguridad forman parte de una agenda global de los uno por ciento que buscará instalarse en la construcción de la nueva normalidad.

Los peligros de un fuerte resurgimiento de regímenes represivos, gobiernos autoritarios, debilitamiento de las instituciones democráticas y tensiones raciales, sociales y entre países nos obligan a pensar, imaginar y organizar otras visiones, otras ideas, otros sueños de construcción de la nueva normalidad, a pensar con mas intensidad, valor y creatividad ese futuro que muchas veces convocamos con el llamado de “otro mundo es posible”, hoy no solamente sabemos que es posible, es urgente.

En la complejidad de los tiempos que vivimos, la pandemia del covid19 demostró ser un catalizador y acelerador de las insurrecciones, rebeliones y alzamientos ciudadanos y populares en todo el planeta. Ya antes de la llegada de la pandemia el sistema-mundo concebido como una totalidad capitalista neoliberal, materialista y deshumanizante estaba en crisis con mas intensidad en sus eslabones más débiles. Un sistema de especulación financiera global y deudas soberanas, robaron y continúan robando los proyectos de vida para las mayorías y sus familias; estás realidades desoladoras se vienen convirtiendo en constantes rebeliones que como fuegos van entrando en combustión alrededor del mundo, en Grecia, Chile, Malasia, Ucrania o Filipinas para llegar finalmente durante la pandemia al centro del sistema-mundo, Londres, New York, Minneapolis; en pocos meses el virus desató una de las mayores disrupciones económicas y sociales desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Hoy muchos vivimos momentos de incertidumbre y a la vez debido a la increíble disrupción de todos los sistemas políticos y económicos a nivel global nos permite imaginar colectivamente nuevos futuros y nuevas normalidades. En el camino hacia estos nuevos futuros tenemos que pensar y diseñar una transición que ofrezca lo mejor de cada uno para los demás y las generaciones que vienen. Una máxima dice: El futuro ya llegó, sólo que no está distribuido de manera uniforme. Millones de personas alrededor del mundo ya sentían los cambios aún antes de la llegada de la pandemia, son cambios que ya eran necesarios y que hoy son fundamentales para una transición en paz con nuestros hermanos humanos y nuestra casa común la naturaleza.

Los cambios deben estar enfocados en la desurbanización y el autoabastecimiento local de los bienes esenciales. Las aglomeraciones urbanas se transforman en focos de expansión y contagio masivo, de ahí que la reducción de la población en grandes ciudades sea una herramienta clave para mejorar la vida en la nueva normalidad. Vivimos en uno de los países con menor densidad de población del planeta, la reducción de los centros urbanos puede lograrse con efectividad. Las nuevas tecnologías permiten además el trabajo a distancia o en pequeños grupos, sin necesidad de trasladarse o confluir en grandes oficinas o espacios laborales; las ideas de producción industrial a gran escala pueden y van a ser reemplazadas por un trabajo de cercanía y más comunitario. Ello constituye una oportunidad para que un porcentaje importante de la población urbana pueda dejar de serlo, manteniendo sus fuentes de trabajo.

La desurbanización implica el crecimiento de la población en ciudades medianas y pueblos. Esta política debe ir acompañada de un fomento de la producción local de bienes esenciales, la seguridad y soberanía alimentaria debe ser una prioridad. Lograr el desarrollo de comunidades locales autoabastecidas de agua, alimentos, energía y bienes indispensables para la salud e higiene, debería constituirse en una estrategia nacional en el marco de la nueva normalidad. Estas comunidades con una alta capacidad de autoabastecimiento deberán ir desarrollando capacidad de resiliencia manteniendo su actividad social y económica, aún en contextos adversos, donde la expansión de un virus requiera cuarentenas masivas de la población o ante las consecuencias del cambio climático. Las poblaciones de menor tamaño a diferencia de las grandes ciudades permitirán ahondar en los lazos comunitarios y afectivos, a pensar el mundo en una mejor relación con la naturaleza, a pintar un mundo desde la aldea, a desarmar una globalización basada en la especulación financiera, el racismo, las fronteras y la manipulación.

La escritora hindú Arundhati Roy escribió: “Nuestra estrategia no debería ser solo confrontar con el imperio, sino asediarlo. Quitarle el oxígeno, avergonzarlo, burlarlo. Con nuestras artes, nuestra música, nuestra literatura, nuestra terquedad, nuestra alegría, nuestra brillantez, nuestras incesantes capacidades-y nuestra habilidad de contar nuestras propias historias. Historias que no son las que nos han lavado el cerebro para que creamos. La revolución de las corporaciones colapsará si nos rehusamos a comprar lo que nos están vendiendo- sus ideas, su versión de la historia, sus guerras, sus armas, sus nociones de inevitabilidad. Recuerden esto: Somos muchos, ellos son pocos. Ellos nos necesitan mas de lo que nosotros los necesitamos a ellos. Otro mundo no es solamente posible, sino que está de camino. Quizás muchos y muchas no estaremos para darle la bienvenida, pero en un día muy tranquilo, si escucho con mucha atención, puedo oír su respiración.”

Andrés Asiain
Economista
Doctor en Ciencias Sociales
Profesor UNDAV y UNCUYO
Director del Centro de Estudios Scalabrini Ortiz

Nicolás Gutman
Licenciado en Ciencias Políticas Universidad de Buenos Aires
Magíster en Economía y Políticas Públicas George Mason University, Virginia Estados Unidos
Trabajó en:
Ministerio de Justicia de la Nación
Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de Tierra del Fuego
Comisión Mundial de Represas en Sudáfrica

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Categoria: Economía, Edición 22 | NUESTRA AMÉRICA: CATACLISMOS Y ESPERANZAS, entrega 4, SOCIEDAD

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