EL NÚMERO DE LA BESTIA

| 24 agosto, 2020 | Responder
Las abstracciones y los números que representan a la gente pueden desensibilizarnos. Parece que olvidamos que hay gente concreta. Gente con una historia. Gente con sueños. Gente que tengo al lado mío.
 

Hace veinte años recibí uno de mis primeros correos electrónicos masivos. En ese entonces, como todavía enviaba y recibía cartas por correo postal de mis amigas y de mi tío Oscar, creía que en cada e-mail se encontraba un valioso contenido que alguien enviaba pensando en mí. Fue así que empecé a recibir de gente querida y de conocidos, mucha información que se presentaba como científica, en ocasiones filantrópica o con frases de autoayuda y superación personal, hasta que un día llegó el spam que daría que hablar a los adeptos a las teorías conspiranoides durante un larga temporada, el ya aclamado “Número de la bestia”: Se trataba de un e-mail de autor desconocido, pero reenviado muchísimas veces, que nos explicaba cómo se estaba experimentando en animales el uso de una especie de micro-chip del tamaño de un grano de arroz que servía para localizar a quien lo portara bajo la piel. El mensaje anunciaba que esta tecnología pronto se extendería a los seres humanos. Entre datos, explicaciones y fotos, este “documento” también advertía que éstos eran los primeros indicios de la marca y el dominio de aquella bestia descrita en el Apocalipsis, que inexorablemente acabaría por controlarnos a todos.

No hace mucho volví a recibir un mensaje por el estilo. Esta vez, mas experimentada en la detección de contenido chatarra, borré el mensaje. Sintiendo una especie de conexión espacio-temporal con el mensaje sobre el chip/arroz que tantas personas recibieron, leyeron y reenviaron desde mi adolescencia hasta aquel momento, pude ver claramente cómo estamos representados por números.

En nuestro país contamos con un número de DNI, número de teléfono celular, número de cuenta bancaria, número de patente de auto, entre otros muchos números, que permiten ubicarnos en el espacio y en el tiempo para monitorearnos con precisión. El desarrollo de la Big Data comenzó a manipular mucha de la información que enviamos y que recibimos desde nuestros móviles. En definitiva, estamos inmersos en un gran sistema de “granito-de-arroz-controlador” que no fue necesario implantar mediante ninguna aguja. Si los números son un modo de formalizar cantidades, hemos sido formalizados.

Ahora bien, creo que las formalizaciones no terminan ahí.

Allá por la década del setenta, dos investigadores realizaban estudios comparativos de género para evaluar cuáles son los niveles de desarrollo moral que tenemos desde la infancia hasta la adultez. Según este estudio, el nivel más elevado que adquirimos es la capacidad de abstraer principios o leyes para resolver problemas morales. Así, para realizar sus investigaciones, presentaban ciertos dilemas a niños, niñas, adolescentes y jóvenes, tales como: “si un hombre pobre tiene a su mujer enferma, y para poder salvar su vida necesita un medicamento que vende el farmacéutico ¿qué es moralmente correcto: robar para salvarle la vida o dejarla morir para no robar?”. La mayoría de los niños, observando por abstracción moral que el valor de la vida está por encima del valor de lo material, respondía correctamente: “debe robar”. El problema surgió con las niñas. La mayoría de ellas renegaban ante el problema. Casi todas comentaban lo mismo: “El problema está incompleto”; “Faltan premisas, no se puede resolver”. La investigadora, sorprendida de que casi todas las chicas respondieran lo mismo, decidió ahondar más en el tema. Les pidió entonces que explicaran por qué consideraban que éste se hallaba incompleto. Algunas respuestas fueron del tipo: “El hombre puede hablar con el farmacéutico y pedirle que le regale el medicamento”; “El hombre debe conocer a otras personas que entiendan su situación y le presten el dinero para comprarlo”. A grandes rasgos, ellas se remitían a situaciones concretas. Uno de los investigadores concluyó que las mujeres no lograban alcanzar las últimas fases de abstracciones morales por responder a una lógica de “ama de casa” que busca conformar a todos. La investigadora, por el contrario, desarrolló una nueva concepción que distinguió, por una lado, una ética de la justicia, basada en el principio de igualdad (“todos deben ser tratados igualmente”); y por otro, una ética del cuidado, apoyado en la premisa de la no violencia (“no se debe dañar a nadie”). En decir, consideró que a la hora de resolver problemas morales, podemos pensar en sujetos abstractos (formalizados) o en sujetos concretos.

Últimamente me llama la atención que como sociedad empecemos a referirnos a los otros de modo abstracto. Cada tanto se comenta: “las planeras tienen hijos para no trabajar”. Para mí, algunas “planeras” tienen nombre y apellido. Por ejemplo, conozco a una querida amiga que, siendo jovencita y estando totalmente enamorada, decidió ser madre. Su valiente decisión restó el tiempo necesario para continuar estudios superiores o desarrollarse en un trabajo. Al final, el “galán” la abandonó y ella quedó sin sustento. Aunque ella se esfuerza por todos los medios que tiene, sólo consigue trabajos mal remunerados, en el caso de encontrar. Si no fuera por esos planes sociales que el Estado reparte, no como solución definitiva, por supuesto, pero sí como contracara de las migajas que caen de las altas concentraciones de capital bajo promesa de un derrame que jamás llega, mi amiga y sus hijos morirían de hambre. También sucede cuando nos referimos a las tragedias que a diario nos llegan a través de los medios, pero que al no tener gente cercana implicada, solemos hablar de esos muertos como un dato más: para la mayoría, las 194 personas que murieron en Cromañón podrán ser parte de una noticia terrible pero alejada; para mí, saber que un compañero de Orquesta y una amiga de secundaria estaban allí, implicaba la sensación de dolor ante la posible pérdida o consecuencias físicas que podían llegar a sufrir gente querida con quienes reía, conversaba o compartía tiempo. Las abstracciones y los números que representan a la gente pueden desensibilizarnos, y así, se vuelve más sencillo opinar al respecto o realizar juicios generales. Parece que

olvidamos que hay gente concreta. Gente con una historia. Gente con sueños. Gente que tengo al lado mío.

Jesús dijo que venía a cumplir la ley, no a abolirla. Tal vez el modo de entender las leyes de Moisés se estaba volviendo un poco abstracto, y por eso surgían tantas preguntas y frases formalizadas, de sabor a ley vacía y con sonido de címbalo que retiñe: “En la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿Que dices?”; “¿Nos está permitido pagar impuestos al César o no?”; “Hay seis días en que se puede trabajar, así que vengan esos días para ser sanados, y no el sábado”; “¿quién es mi prójimo?”.

A modo de conclusión: como la mayoría de las cosas, una herramienta puede servir tanto para arreglar como para destruir. Las matemáticas y las formalizaciones no son malas en sí mismas. Nuestro uso de ellas, si no consideran el bien de los otros, sí. Kant encontró que toda ley moral podía resumirse en un imperativo categórico formal: “obra de tal modo que tus acciones puedan convertirse en norma universal”. Jesús lo dijo antes de modo menos formal pero más dulce: “Haz a los demás todo lo que quieras que te hagan a ti.” O de modo más universal, pero concreto: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.

 

 

Paula Muñoz
Música profesional (corno francés)
Docente en el Proyecto de Orquestas Escuela de la República Argentina Estudiante de filosofía (UBA)
Integrante fundadora del Movimiento de Emergencia Comunitaria Maestra de escuela dominical y Horitas Felices

 

 

Cordialmente es la expresión de PASTORESxlaGENTE que, fiel a sus principios, no procura fijar conceptos únicos, sino que busca expresar la diversidad en la pluralidad que caracteriza al movimiento evangélico. Las notas publicadas en esta edición digital reflejan la opinión particular de los autores. La dirección de Cordialmente procura que la expresión bíblica “examinadlo todo, y retened lo bueno” sea el objetivo, por lo cual se invita a los distintos escritores a presentar sus fundamentos dejando el juzgamiento del artículo en cada uno de los lectores.

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