EL LENGUAJE INCLUSIVO, ¿LO HABLAMOS TODES ? (Parte 1)

| 21 septiembre, 2020 | Responder

Aportes para un tema que da que hablar

¿Cómo reaccionamos ante algo nuevo? El lenguaje inclusivo lo es. ¿Nos molesta? ¿Nos sentimos incómodos? ¿O nos es indiferente? Tal vez nos perturbe su significado profundo, que es una reacción contra el machismo, supuesto machismo de nuestra lengua española. Esa ideología se esconde detrás de esa e incrustada forzadamente al final de ciertas palabras.

“Compañeres”, “diputades”, son algunas de esas palabras modificadas en pos de una supuesta inclusión. Lo que subyace debajo de esta manera de hablar, es una clara postura anti machista, reflejada principalmente en las palabras pareadas todos y todas. Pero se ha doblado la apuesta con la incorporación de la vocal e, para incluir a los géneros no binarios. Todes indicaría la inclusión de personas con distintas sexualidades, excluyendo a las biológicas: hombre/mujer. Decir todes implica una posición ideológica en cuestión genérica. Pero también es una oposición hacia los que no están de acuerdo con esas elecciones sexuales. El problema surge cuando se quiere imponer ese lenguaje. Algo peor aún: discriminar y rechazar al que no acepte esa manera de hablar. Así se cae en lo que se condena: la discriminación y el rechazo por lo distinto. Por otro lado, como veremos más adelante, la inclusión no solo se da, aunque no sea una garantía, en el plano de la lengua. Es algo mucho más profundo que se modifica y se manifiesta desde lo más interno del ser humano, lo que incluye a todo ser que habita este planeta.

Lenguaje inclusivo, ¿la única manera de ser inclusivo? ¿Qué hacemos con el lenguaje inclusivo?

Feminismo es una palabra de género (gramatical) masculino: el feminismo.

Masculinidad es una palabra de género (gramatical) femenino: la masculinidad.

La vocal e, no siempre es indicadora de un género neutro. Hombre termina en e, pero es de género gramatical masculino. El hombre. Hombro es otra palabra, por eso no puede designarse para el masculino. Hombra es inexistente. Mujer tampoco termina en a, y sin embargo es puramente femenino, de g.g.f.  Entonces, en este caso y en otros, la vocal e no implica neutralidad, sino inclusión universal, que incluye a todos los géneros. 

La inclusión no tiene que ver con el género gramatical. Tampoco debería tener que ver con el género biológico (acá está el verdadero problema). El conflicto entre géneros biológicos no se resuelve en el plano de la lengua. No es cuestión de colocar una vocal, la e, en cada palabra. La inclusión es algo mucho más compleja y difícil de solucionar. Y la solución no es tan simple como esa operación, netamente gramatical, o agramatical, propone.

Por otro lado, para cambiar, modificar, revolucionar una disciplina, sea cual sea, hay que conocerla bastante bien.

Para cambiar un paradigma científico hay que ser científico. Esto es una obviedad. Sin embargo, con respecto a la lingüística, que es la ciencia que estudia a la lengua, ese principio no se respeta. En el fondo se está subestimando al lenguaje. Para realizar cambios significativos no basta con colocar una letra en las palabras que poseen género gramatical.

Las lenguas cambian y evolucionan en el tiempo. Esas transformaciones llevan siglos, milenios. No se producen de un día para el otro. Los que promueven la imposición del lenguaje inclusivo deberían conocer mejor a la lengua española en particular, y a la lengua humana, en general.

Para modificar la lengua, algo muchas veces utópico, es menester tener un claro panorama de la misma. Pero, aún logrando esos cambios, los problemas humanos, como la inclusión y discriminación, no se resolverán. Porque están en el plano del espíritu humano, y no en el lenguaje.

El lenguaje inclusivo pretende ser un nuevo lenguaje, pero solo es una operación artificial en el mismo nivel que el jeringoso o el que se practica (no se habla) en la ciudad de Rosario, el rosarigasino.  Estas seudo lenguas se logran agregando sílabas o letras en palabras pertenecientes a una lengua determinada, el español, en nuestro caso.  

Por otro lado, esto del lenguaje inclusivo es algo que solo vale para la lengua española. Lo que lo convierte en algo no universal, no inclusivo. Porque no involucra a otras lenguas, especialmente a los idiomas anglosajones. Tomemos el inglés. Esta es una lengua menos genérica que la nuestra. La mayoría de las palabras son neutras. Esto se ve claramente en los artículos, o mejor dicho en el artículo. The es usado para una palabra femenina, neutra o masculina. The man/the woman/the box.

En castellano, los artículos poseen género gramatical, según el sustantivo que preceden. Para los sustantivos gato/gata, tenemos los artículos el/la respectivamente. El lenguaje inclusivo inventó un neutro inexistente: gate, cuyo artículo sería le; le gate. Esto parece irrisorio, sin embargo, nos encontramos con neologismos como cuerpa, para contrarrestar al masculino cuerpo. Esto se escuchó en una facultad, en un ámbito académico. Además,  el seudo artículo le, para referirse a seres/personas indefinidas, conlleva el problema de que es otra palabra. Le es otra categoría: Le dijo a Pedro que viniera. Este le no es artículo, es objeto indirecto.    

Otro problema es el de la palabra todos, que implica a todos los individuos, sean femeninos o masculinos, o neutros. Cristina Kirchner impuso el plural femenino: todas, como si no fuera suficiente el todos para incluir a las mujeres. Pero esto solo sucede en el español. En inglés la palabra all es abarcativa y no tiene género gramatical.  El problema sigue siendo confundir género con sexo. El sexo es femenino o masculino. El género gramatical es masculino, femenino y neutro. Son niveles distintos. Uno está en lo biológico, y lo otro en el sistema de la lengua. En la naturaleza (Creación) solo existen dos géneros: macho/hembra, hombre/mujer, varón/varona (Génesis). En algunas especies, sobre todo del reino vegetal, los dos géneros conviven. Son las/los hermafroditas. Pero, en general, en cada especie existen dos géneros biológicos. De hecho, aquellos entre familias no binarias que quieren tener hijos, deben recurrir necesariamente a los dos géneros biológicos. Así como muchos gays despotricaron contra la institución matrimonio, tildándolo de anticuada y religiosa, lucharon más tarde por el derecho al mismo: el matrimonio igualitario.   Así mismo, estas parejas de lesbianas o personas gay, lucharon por acceder a las inseminaciones artificiales, o al alquiler de vientres.

En una época de la historia, se intentó fabricar un idioma universal, el esperanto. Fue una obra de lingüistas y profesores de lengua, entre otras disciplinas sociales. Eran expertos en las lenguas. Pero, solo construyeron un arca que nunca flotó. Nunca se impuso en el habla de las comunidades parlantes.

Las lenguas evolucionan, mutan, crecen lenta e imperceptiblemente, como las plantas y las flores. Forzar este proceso es improductivo. Solo se logra un cambio artificial. El artificio de colocar la vocal e en las desinencias de algunas palabras, es solo eso: un artificio. El problema de esta operación extraña es que con esa modificación se cae en palabras ya existentes en el sistema de la lengua. El ejemplo más claro está en la misma palabra inclusivo. Esta es de género gramatical masculino. Para llevarlo al neutro, se agrega la e al final, cambiándola por la o. Así queda inclusive, que es otra palabra. Es un conector usado con otro sentido semántico.

Inclusive es similar a incluso. El local permanecerá cerrado del 1ro de enero al 31 de enero inclusive.  Este es un simple ejemplo de lo complejo  que resulta intentar cambiar una lengua, o modificarla.  No se puede crear un lenguaje, o cambiar una lengua con una sola letra. Un timón puede dar dirección a un barco, pero no puede convertirlo en un avión.

Por otro lado, hay sustantivos que no respetan la regla, la única, del lenguaje inclusivo. Hombre, es una de ellas. Termina con la vocal e, sin embargo mantiene su género gramatical masculino, el hombre. 

Todos los casos aquí expuestos demuestran las dificultades que el lenguaje inclusivo no resuelve. Creer que con la adhesión de la vocal e a la mayoría de las palabras se soluciona esto, es caer en la ingenuidad y en la ignorancia de la lengua. Los que comulgan con este nuevo lenguaje pretenden imponerlo en pos de la inclusión. Pero la inclusión depende de otros factores humanos, y no solo de la lengua. De hecho, el idioma inglés, que no tiene problema de inclusión en sí mismo, porque no hay mayoría de palabras masculinas, no garantiza que no haya discriminación en los que lo hablan. La historia nos ha demostrado lo contrario. Existe el machismo y la discriminación, además de explotación y otros vicios, en los que hablan esta lengua “inclusiva”.  

Para concluir, si se quiere modificar una lengua hay que conocerla bastante. Muchos de los que promueven el lenguaje inclusivo ignoran los mecanismos  internos y externos de la lengua española.

Para cambiar hay que conocer. Esta es la clave. Por otro lado, la inclusión no se logra cambiando la lengua, sino cambiando los espíritus humanos. La inclusión, el respeto, la tolerancia, se enraízan en el alma y el espíritu, no en las letras. Una vez enraizadas estas virtudes, las palabras serán pronunciadas con un buen espíritu. Las palabras solas no son suficientes. Pero, cuando nacen de espíritus sanos, serán interpretadas de acuerdo a ese espíritu. Aún así, dicho esto, considero necesario un análisis de esta nueva forma de intervenir la lengua, lo que se conoce como Lenguaje Inclusivo.

Marcelo Maristany
Escritor, dibujante-ilustrador y tallerista,
Autor de los libros “El quinto riel y otros cuentos”,
“Ensanblados”, “Jaguares”, “Bitácora”, “Onírica” y
una publicación en formato e-book “Ateos y ateos”.
Autor e ilustrador de cuentos para niños: “La Ballena roja”,
“El dinosaurio de la cola puntiaguda” y “¿Cuál es tu secreto?”
Actualmente se congrega en la 2da iglesia de la Unión Evangélica Argentina de La Plata

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