¿VAMOS A LA FIESTA DE LOS PECES DE COLORES?

| 30 septiembre, 2013

El señor Hermann caminaba por los interminables y oscuros pasillos de una de las tantas escuelas católicas de Munich donde había decidido enviar a su hijo. Un poco desconcertado preguntó por la directora del colegio y por la maestra de cuarto grado quienes lo habían citado.

Al abrir la puerta, dos mujeres imponentes, de estructura alemana, lo esperaban. Comenzó hablando la directora: “Lo hemos citado aquí dado que su hijo Alberto está al borde de la repitencia y como es política de esta institución no aceptar repetidores le vamos a solicitar que retire a su hijo de este establecimiento”.

“Así es Señor”, continuó la maestra, “su hijo, no da muestra de ningún interés por los aprendizajes, en lengua es una calamidad, omite letras, a veces las agrega, otras veces las invierte. Estamos ante un caso de dislexia. Además no puede seguir las reglas en las matemáticas, el niño quiere hacerlo siempre a su modo, sin respetar los pasos establecidos. Asimismo es tan retraído que puede estar horas mirando una brújula. En los recreos en vez de interactuar con sus compañeros mide las sombras que emite el sol. Es más, la semana pasada, durante la clase de inglés lo buscamos desesperados porque no lo encontrábamos por ningún lado. ¿Dónde estaba el alumno? En la sala de música tocando el violín”.

“Esta es la verdad sobre su hijo”, interrumpió alterada la directora, “Por lo hasta aquí expuesto y en vista que no habrán mejoras le rogamos que urgentemente retire a su hijo de la escuela”.

El lunes siguiente, el alumno Albert Einstein había dejado de asistir a clases.
Demás está decir que la mente más brillante que la ciencia haya conocido no fue reconocida.
¿Cómo la escuela pudo cometer un desatino tan grande? Quizás porque la escuela fue pensada para excluir. Políticamente fue creada por las clases dominantes para no distribuir el conocimiento.
Y cumplió muy bien su misión de segregadora, pues la escuela discrimina por sexo, raza, religión, clases sociales, nivel socio-económico, entre otras separaciones que ha provocado durante la historia.
Sin embargo, aunque la escuela falló, siempre hubo MAESTROS.
Esos maestros que supieron establecer el vínculo exacto, casi con precisión matemática, para adentrar en los abismos más oscuros y cerrados en que a veces queda atrapado el ser humano.

Ann Sullivan, una maestra de ciegos, tomó un tren de Tuscumbia, Alabama, donde iba a conocer a sus nuevos empleadores, los Kellers, y a su nueva alumna Helen. Una niña totalmente incontrolable debido a que una meningitis la había dejado ciega y sorda e incapaz de comunicarse con el mundo exterior, por lo tanto la niñita era como un animal enjaulado.

Ann supo penetrar en el mundo de Helen y colocando la mano sobre la mano de su alumna, y a su vez las manos de ambas sobre los objetos, ella le deletreaba qué objeto era sobre la mano de Helen. Esa fue la manera en que Helen aprendió a leer: percibiendo a través del tacto y el significado que sobre su mano le confería su maestra.

Para que aprendiera cómo escribir, Sullivan le consiguió a su estudiante un tablero especialmente diseñado, acanalado de modo de un lápiz. Ella podía formar las letras en el papel colocado sobre él. El aprender a hablar era el paso siguiente. Para enseñarle la dicción, la Srta. Ann ponía la mano de Helen en su garganta, para que la niña pudiera sentir las vibraciones creadas mientras hablaba, y tratara de formar estas mismas vibraciones.

Al término de ese proceso Helen Keller se terminó comunicando con el mundo exterior de tal manera que se convirtió en una excelente oradora, escritora y activista política.

Esa habilidad para penetrar en esos círculos cerrados en el queda atrapado el hombre se llama “empatía”. Sin empatía no se puede enseñar. Quizá sería por eso que el apóstol Santiago deja una advertencia: “Hermanos no os hagáis maestros mucho de vosotros porque tendréis mayor condenación” (Stgo.3:1). Tal vez porque Santiago habría visto muchísimos maestros que tienen en sí mismo el modelo estructural que dice: “La letra con sangre entra” y quieren enseñar en los fundamentos del miedo, culpa y castigo y no en base a la identificación con el otro.

Quizás porque recordaba permanentemente a su medio hermano llamado Jesús, el ser empático por antonomasia, quien podía identificarse con los seres más ruines y elevarlos a la categoría de reyes.

En una escuela para niños con capacidades diferentes de Lomas de Zamora, en una de las aulas, estaba Alejandra, la maestra de educación especial, con su grupo de alumnos, entre ellos Lucía, una niña autista de nueve años. Lucía se paró en medio del salón de clases, se colocó una cartera sobre el hombro derecho y permaneció de pie.

La maestra le ordenó: “Lucía, sentate”.
Lucía respondió: “No puedo, estoy esperando el colectivo, porque me invitaron a una fiesta de peces de colores”.
La Señorita nuevamente le dijo: “Lucía, sentate y comenzá a trabajar”.
Lucía nuevamente contestó: “No puedo ahora, porque espero el colectivo, si lo pierdo llego tarde a la fiesta de los peces de colores”.
Pasaron dos horas y Lucía no se sentaba. Hasta que la maestra inteligentemente le avisó: “Lucía, ya pasó el colectivo. Ya se fue”.
Lucía respondió: “¿Por qué no me avisaste antes, Seño? ¡No hubiera esperado tanto!”
Fue entonces cuando Lucía se sentó y comenzó a trabajar.
¿Cuál fue el logro empático de la docente? Reducirse, apocarse, identificarse y pensar como Lucía, de esta forma penetró en el mundo interior de la niña.

Jesús maestro, su padre, creador de mundos. Su actitud, penetrar en nuestro mundo y desde allí identificarse con nosotros sin culparnos, sin agredirnos, sin juzgarnos, sin menospreciarnos. Por el contrario, él se suma a la fila de espera del colectivo que nos lleva a nuestras propias fiestas de peces de colores…se hace uno con nosotros para hacernos crecer.

Maestros: aprendamos del MAESTRO.

 

Mimi Agostino.
Educadora en la Región 5
Distrito de Alte. Brown
Directora y Representante Legal del Instituto Educativo Vida Cristiana del mismo distrito

 

Cordialmente es la expresión de PASTORESxlaGENTE que, fiel a sus principios, no procura fijar conceptos únicos, sino que busca expresar la diversidad en la pluralidad que caracteriza al movimiento evangélico.
Las notas publicadas en esta edición digital reflejan la opinión particular de los autores.
La dirección de Cordialmente procura que la expresión bíblica “examinadlo todo, y retened lo bueno” sea el objetivo, por lo cual se invita a los distintos escritores a presentar sus fundamentos dejando el juzgamiento del artículo en cada uno de los lectores.

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Categoria: Edición 6 | Iglesia unida y diversa, entrega 5, Sicología

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