LAS SIETE FRASES DE LA CRUZ

| 14 abril, 2014

Durante el lapso de tiempo en que estuvo crucificado, el Señor Jesús pronunció siete frases, todas ellas muy significativas pues demostraban el sentir que tenía mientras estaba colgado en el madero, dando su vida en rescate por la nuestra.

Le hemos solicitado a siete jóvenes, que en los últimos años se han graduado del Instituto Bíblico Río de la Plata, que nos expresen su sentir frente a estas frases, dejando que a través de ellos fluyera la huella que Jesús marcó en sus vidas.

 

“Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”  Lucas 23:34

Jesús, en medio de toda una convulsión de hombres en su contra, expresa su clamor al Padre Celestial. Su pedido es una breve petición, “perdónalos”; en otras palabras, déjalos libres, no los castigues. Viviendo la situación más crítica, Jesús intercede en favor de los hombres, ni siquiera está pensando en Él.

Sumado a esta petición, las palabras que salieron de su boca fueron “porque no saben lo que hacen”. Es verdad que el Padre Celestial todo lo sabe y no tiene necesidad de razones, pero el Señor Jesús, en un acto de misericordia, explica el porqué del perdón, quiere convencer al Padre. Jesús sabe que todos ellos están cegados y que la naturaleza de pecado está aliada con el infierno mismo. ¡Hay un alboroto! Y en medio de él, alguien está pidiendo piedad, es el Señor Jesús, ¡perdónalos, perdónalos!

Es curioso que Jesús no se justifica, tampoco pide ayuda, sino que todo lo que nace de su corazón es “perdónalos”, déjalos ir libres, y los justifica diciendo “no saben lo que hacen”.

En estos días, la misericordia del Señor sigue siendo la misma. Aceptemos su perdón, aunque no lo merezcamos y, por otro lado, perdonemos a quienes nos persiguen, como Él lo hizo con nosotros.

 

Eduardo Figueroa
Pastor de la Iglesia Presencia del Cielo
Rio Gallegos, Pcia. de Santa Cruz
Gerente de la Librería Cristiana Abraham

 

 

“Hoy estarás conmigo en el paraíso” Lucas 23:43

Cuántos pensamientos vienen cuando leemos esta frase de Jesús, en sus últimas palabras en la cruz pero que habrían de quedar plasmadas en la eternidad para que, al leerlas hoy, provoque tanta incertidumbre en los corazones de persona comunes que están buscando una respuesta en este mundo.

El receptor de tamaña frase fue ni más ni menos que un ladrón que tuvo, para quienes amamos a Jesús, el privilegio de morir a su lado. Eso abre una puerta de esperanzas ya que si el ladrón fue digno por tan solo reconocer al Hijo de Dios, hoy el camino, verdad y vida, siguen dependiendo de nuestra fe. Y de reconocer que él es Señor.

Quienes hemos creído entendemos que el paraíso es una promesa que nos espera en la eternidad, pero que podemos empezar a vivir en esta vida terrenal, disfrutando en su presencia de cada promesa que descansa en su palabra.

No esperemos llegar a la patria celestial para vivir el paraíso, en su gracia podemos tener anticipos aquí en este suelo de tierra.

 

Miguel Ángel Dure
Pastor en Mataderos, Buenos Aires.
Tiene un amplio trabajo en la parte social.

 

 

 

“Madre he ahí a tu hijo, hijo he ahí a tu madre” Juan 19:25-27
Jesús le está señalando a María que, a partir de ese momento, concluía su misión, y que ella había sido madre del cuerpo físico -o sea de la encarnación-, mas no de la Deidad.
María era viuda; y Jesús le dio el encargo a Juan, quien debía cuidarla, como se cuida de las viudas.
La religión pura y sin macha delante de Dios es ésta: atender a los huérfanos y
a las viudas en sus aflicciones, y conservarse limpio de la corrupción del mundo.
El perfecto amor filial dado por Cristo resplandece sin haber perdido su fulgor
en medio de las penumbras del pasado. Mientras soportaba la terrible tortura, no se olvidó de su madre e hizo todas las provisiones necesarias para asegurar su futuro.
Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa. María cuidó de Juan como si fuera su propio hijo.
Lo que Jesús hizo fue una gran muestra de amor por su madre, que demostró su preocupación en las relaciones humanas. Él no quiso que su madre viuda quedara sola, por eso le dijo a su discípulo “he aquí tu madre”, dándole a entender que debía cuidar de ella, ese mismo amor tiene Dios con Su iglesia.
Jesús dejó a su madre con un discípulo amado para dar fin a lo humano.

Patricia Núñez
Colabora en la Iglesia Rey de Reyes de Belgrano
Ministró a adolescentes y jóvenes en España, Colombia, Venezuela, Ecuador y Chile.
Trabajó colaborando con misioneros en el Amazonas por más de un año.

 

 
“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” Marcos 15:34
¿Quién no le ha hecho esa misma pregunta al Señor cuando ha estado en alguna prueba, dificultad o situación que no tiene explicación humana?

Esto no quiere decir que Dios nos allá abandonado literalmente, sino que él hace un pausa en nuestras vidas para ver cómo reaccionamos, y Jesús nos enseña que lo primero que tenemos que hacer es ir al Padre porque Él no nos deja solos.

En una oportunidad Jesús le dijo lo siguiente a Pedro: “Jesús contestó: Ahora no entiendes lo que hago, pero algún día lo entenderás”. Jn 13:7 (NTV).

Hay situaciones en nuestras vidas que no lo vamos a entender AHORA, pero si DESPUES. En el Señor siempre hay un PERO y eso cambia todo a nuestro alrededor.

 

Samuel Tito
Colabora en la Iglesia de Puerto San Julián, Pcia. de Santa Cruz

 

 

 

“Tengo sed” Juan 19:28
Es ilógico e irreal tratar de describir la agonía y el sufrimiento que estaba atravesando Jesús en el momento del calvario; solo nos podemos dar una idea de lo que podía suceder. Podemos saber que un sentenciado a muerte de cruz, lo que más sufría era la deshidratación; ya que su cuerpo perdía muchas sangre al estar colgado de un madero. En el caso de Jesús le sumamos las flagelaciones anteriores sufridas y el peso de cargar la cruz hasta el monte Gólgota.

Además de esta agonía, no debemos minimizar el hecho que El cargó con el pecado del mundo, “nuestros pecado”. No solo su cuerpo agonizaba, sino también su espíritu. Frente a este contexto, el exclama “tengo sed”.

En el transcurso del padecimiento a la cruz jamás pidió clemencia ni nada para sí, hasta rechazo el vinagre mezclado con hiel, que se le daba a los sentenciados de muerte para que en su tortura no sintieran el dolor; de haberlo hecho hoy muchos podrían poner en tela de juicio su sufrimiento en la cruz; todo esto por cumplir la voluntad de su Padre.

¿Tenía sed? Si, pues era 100% hombre. Pero esperó que todo se cumpliese para manifestar su necesidad; lo que también estaba profetizado.

¿Hasta qué punto estamos dispuestos hacer la voluntad del Padre?, ¿seremos capaces de poner nuestras necesidades en segundo plano? Y no hablo de anhelo, de planes o de simples utopías que generamos en nuestra mente; si no de lo que realmente tenemos necesidad.

Que podamos ser como nuestro Maestro y decir: “tengo sed de cumplir su voluntad”.

 

Raúl Crettón
Colabora en la Iglesia de Puerto Madryn, Pcia. de Chubut
Es comandante de los Exploradores del Rey
Maestro de escuela bíblica y profesor de I.E.T.E

 

 
“Consumado es” Juan 19:30
Existe una canción para niños que dice así: “por favor y gracias, palabras de poder, palabras que muchas puertas te abrirán…”. Cuando se me viene a la mente esta canción, que muchas veces le enseñamos a los niños, la que, si bien es de muy buena enseñanza, no dejo de pensar que existen dos palabras que fueron, son y serán muy poderosas para todos y que nos abrió una puerta muy importante para nuestra vida.

Esas dos palabras son: Consumado es, realmente palabras de gran impacto en nuestras vidas. Cada día nos dicen que ya nuestra deuda fue cancelada y no tenemos que pagar nada ni hacer ningún mérito por recibir su perdón, nos dicen que tenemos el camino abierto a nuestro Padre Celestial porque el velo que nos separaba se rasgó, ya no hay ninguna traba para llegar a Él, el problema del pecado fue solucionado.

Podemos ver la mayor expresión de amor, aunque le fallemos, nos equivoquemos podemos volver a sus pies, porque en su gracia Él nos dice: consumado es.

 

Yanina Cáceres de Parigino
Colabora en la Iglesia de la Comunidad de Necochea, Pcia. de Buenos Aires
Dirige el I.E.T.E. (Instituto de Educación Teológica por Extensión) filial Necochea.

 

 
“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” Lucas 23:46

Como hijos de Dios solemos pasar por situaciones difíciles de soportar (persecuciones, enfermedades, pérdidas, y tantas otras cosas) que nos impulsan al temor, desánimo e incluso enojarnos con Dios, por creer que se ha olvidado de sus hijos. Situaciones no comparables con lo ocurrido a Jesucristo.

Lo dicho por Jesús en Lucas 23:46, más allá de ser lo último que pronunció estando en la cruz antes de expirar, sería bueno para nosotros tenerlo por ejemplo a seguir y tomar muy en cuenta esta última expresión; no solo para fortalecernos, sino también para obtener sus beneficios como hijos. Allí Jesús nos muestra cómo poner completamente y con confianza nuestra vida en las manos de Dios, sin temores (incluso de la propia muerte, que ya está sin efecto debido al sacrificio en la cruz); creyendo que todo es voluntad de Él, como dice Pedro (1P. 4:19). Únicamente encomendando nuestro espíritu a Dios estaremos dispuestos a morir a todo aquello que no permita realizar su voluntad en nosotros. Él anhela cuidarnos, fortalecernos y cumplir su voluntad en nosotros, pero si no encomendamos nuestro espíritu a esa voluntad suya, nada puede hacer.

Digo yo, si muchas veces las palabras finales de un ser querido antes de su muerte son realizadas y cumplidas al pie de la letra a tal punto que incluso hermanos peleados se perdonan porque fue la última petición de su madre o padre; ¿por qué no poner en práctica esta última y gran enseñanza de Jesús en la cruz?

 

Carlos Beil
Pastor en Montecarlo, Pcia. de Misiones

 

 

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Categoria: BIBLIA, Edición 9 | Teología de la prosperidad, pobreza y Evangelio, entrega 5, Teología

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