PASTORAL EVANGÉLICA Y POLÍTICA: MEDITACIONES

| 21 septiembre, 2020 | Responder

Sabias consideraciones a tener en cuenta a la hora de conjugar militancia política y fe.

La política en el sentido más lato del término puede definirse como el arte de conciliar intereses entre distintas partes con el fin de generar acuerdos que promuevan la vida y el desarrollo social. Entonces, los seres humanos por ser sociales son seres políticos. Pero, en un sentido más específico cuando se habla de política se hace referencia al ejercicio del poder en la esfera de la administración pública de un Estado. Es sobre este último sentido que discurre este escrito.

Los evangélicos como protestantes y a diferencia de las vertientes históricas se habían negado a participar en política. Esta ruptura se debía al desprecio que se le tenía por considerarla sucia y hasta diabólica, algo en lo que definitivamente no había que involucrarse. No obstante, soplan nuevos vientos y en las últimas décadas los que antes desdeñaban a la política hoy la miran con buenos ojos y hasta sueñan con alcanzar su poder. ¿Qué cambio? ¿Cuáles son los caminos que los evangélicos deben transitar frente a los desafíos de la política hoy?  Se intentará dilucidar estas cuestiones.

En primer lugar, debe valorarse como algo positivo el despertar de los evangélicos a la conciencia de lo político. Entender su importancia como mediación para la vida social de una nación es un gran avance. Mucho más si se tiene en cuenta la fuerte ruptura que esto representa con ciertos fundamentalismos. En consecuencia, abrir espacios para el debate y la participación política de los cristianos a priori es bueno.

En segundo lugar, será necesario evaluar si dicha participación refleja los valores del Reino de Dios o, por el contrario, está contaminada por ambiciones personales (fama, poder, riquezas). Cierta vez, en una reunión de pastores alguien dijo que si ha de participar en la arena política se debe tener en cuenta dos cosas: a quién se le debe la lealtad última (la más importante); y saber cuan sobornable se es ante la narcolepsia del poder. Por eso es importante oír las palabras que Dios le da a David al final de su vida: “Quien gobierna a los seres humanos practicando la justicia social, quien gobierna teniendo en cuenta a Dios, es como la luz de la mañana cuando sale el sol; como mañana sin nubes que tras la lluvia hace brotar la hierba de la tierra” (2° Sa. 23:3 – 4)[1]. Así que Dios toma muy en serio la justicia social y sus beneficios para el gobierno humano. Algo sobre lo que mucho se habla, pero poco se practica. El Reino de Dios es un concepto político y tiene como característica principal la justicia social basada en la praxis del amor al prójimo, teniendo en cuenta de manera especial a los más vulnerables (Sal. 41;1; Mat. 5:6; 25:31 – 46). Si los evangélicos han de militar en política es necesario tener esto presente al igual que los desafíos que conlleva.

La política por estos días enfrenta básicamente dos retos a su ejercicio. El primero es interno: la corrupción; el segundo externo: su tensa relación con los poderes económicos concentrados.

Para abordar el tema de la corrupción será imperioso introducir una palabra que goza de mala reputación: pecado. Este es uno de los conceptos teológicos importante en la tradición cristiana. El pecado es un problema espiritual, moral y social. Todos los males que anidan en una sociedad humana tienen su raíz en él. Este mal conspira contra la justicia social, y sin ella, no hay shalóm (bienestar comunitario)[2]. Pero cuando la corrupción es aceptada y protegida por la costumbre del ejercicio del poder político hasta liberarse de toda ley, las consecuencias son aún peores porque los que sufren son los más débiles de la sociedad (Is.3:12 – 15; 10:1 – 4; Jr. 22:1 – 30). Si bien es en este punto donde los evangélicos podrían hacer su mejor aporte, ya que la cruz les permite andar en novedad de vida, lamentablemente no ha sido así. Históricamente son muchas las malas experiencias de evangélicos en el poder en Latinoamérica, tanto que se ha comprobado que no representa la reserva moral de sus países. Por eso antes de militar políticamente sería pertinente poner a prueba las motivaciones y la firmeza de carácter frente a las tentaciones del poder de cara al Señor (Sal. 139:22 – 24).

El gran desafío que enfrenta la política se encuentra en su relación con los poderes económicos concentrados. Este capitalismo tardío ha adoptado el rostro neoliberal que sólo persigue la concentración de poder y riqueza en pocas manos. Este sistema está basado sobre tres mediadas básicas. La primera es la privatización de los servicios públicos necesarios para la vida, lo que en muchos casos terminó en tarifasos insostenibles. La segunda es la desregulación de las normativas laborales lo que acarreó la pérdida de derechos y la pulverización salarial en manos de la inflación. En tercer lugar, el achicamiento estatal, es decir, la desinversión en salud, educación y seguridad entre otras. Esto ha quedado visibilizado por la pandemia actual. Todo esto representa el ataque más feroz que sufren los sectores vulnerables de los países. En América Latina las desigualdades son las más marcadas del mundo. Frente a esta encrucijada los gobiernos han tenido que optar por sostener la gobernabilidad, es decir, ser serviles a los poderosos o abstenerse a las consecuencias. Así que, son estos poderes los que en verdad mandan. Resignificando la alegoría de Walter Benjamin sobre el títere y el enano[3], el neoliberalismo es un enano jorobado y perverso que se vale de sus títeres, las y los políticos para alcanzar sus fines. Así promueven y ponen gobernantes para cuidar sus propios intereses y cuando no pueden los amarran con sus lazos para de todos modos manejarlos. No dudan en controlar la justicia mediante el lawfere, los medios de comunicación masiva y redes sociales para apoyar o desestabilizar a los gobiernos. Un claro ejemplo de esto es el uso de las fake news, con el fin de construiruna realidad social[4] paralela con el fin de anestesiar a la población o inflamarla a su antojo.

Los cristianos que quieren militar políticamente no pueden ignorar esta problemática. En su accionar deben valerse de la fidelidad a la Biblia y a los valores del Reino. Deberán también ejercitar el discernimiento espiritual. Este es fruto de la relación vivificante con el Espíritu Santo y con otros pastores y líderes eclesiales con quien debe mantener la comunión. Esta tarea al igual que la pastoral necesita de un llamamiento y un accionar acordes a la vocación. Sin olvidar que los que han sido vivificados por el Espíritu tienen la misión de trabajar por la justicia y la paz enfrentando entonces las estructuras injustas para su transformación presente. Así la iglesia como cuerpo de Cristo está llamada a servir en amor a la espera de su parusía, tiempo de plena redención. Pero mientras actúa en este mundo bajo la tensión escatológica tiene el imperativo de ser fermento para cambios sociales, que, aunque de manera imperfecta todavía, dejen vislumbrar al menos la gloria de dicha redención. La iglesia debe poner un ojo en el día del Señor y vivir a la espera de su manifestación, mientras que el otro debe centrarse en su tarea terrena presente.

“Firmes y adelante
Huestes de la fe
Sin temor alguno
que Jesús nos ve”5

1Traducción dinámica de este autor.
2 Para profundizar en el tema sugiero la lectura del libro de Cornelius Plantinga Jr. El pecado. Sinopsis teológica y psicosocial Libros Desafíos, 2001.

3 Primera Tesis sobre el concepto de historia de Walter Benjamín.
4Conceptos vertidos por Berger y Luckmann en “La construcción social de la realidad”.
5 Este himno fue escrito por Sabine Baring-Gould, un conocido predicador y escritor del siglo 19. Sabine nació en Exeter, una de las ciudades más antiguas de Gran Bretaña, en el año de 1834. Dedicó gran parte de su vida a escribir, no solamente sobre temas espirituales sino también sobre otros temas como historia y folklore.

Julio Burckhardt
Pastor pentecostal, licenciado en Biblia.
Profesor de Nuevo Testamento, exégesis bíblica y
Romanos en FIET

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Categoria: Edición 22 | NUESTRA AMÉRICA: CATACLISMOS Y ESPERANZAS, entrega 8, PASTORAL, Política Eclesiástica

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