SE NOS HA INFILTRADO LA “E” MI QUERIDE HERMANE

Segunda entrega de las “reflexiones trasnochadas”  

¡Hoy reunión de vocales!

Hoy, reunión de vocales,
enojad@s la “a” y la “o”.
Si estaba todo bien,
si todo estaba en orden.

¿Por qué la “e”?
No tiene ritmo,
las palabras se traban,
sabe extraña en la boca,
provoca fastidio al oído.

Hoy reunión de vo – ca – les,
De sujetes, amigues, compañeres, hermanes.

Hoy la Trinidad se viste de “A”, “O” y “E”.

(Jamuy, 2019)

Mientras iba y venía en el pequeño lugar donde suelo leer y escribir, me preguntaba a partir de mis tertulias con amigues con respecto a esto de sin querer queriendo, acerca del cómo surgió la “e”, emblema del lenguaje inclusivo. Todo lo que ha generado esta vocal como un ser disruptivo que lleva a rasgar las vestiduras, por no decir desnudar, a sectores de nuestra sociedad que desde una actitud bien intencionada y en otrxs, no puedo evitar decirlo, lxs envuelve un manto de cinismo. Ambas se yerguen en la defensa de la tradición, las buenas costumbres y la moral disciplinadora, que azoradas gritan ante tamaña herejía por su presencia provocadora que sin tapujos se viste de “e”.

Quizá mi actitud desconfiada, me hace sospechar en algunxs una suerte de actitud farisaica, y no se malentienda como hipocresía. Me refiero a personas celosxs, puristas, defensorxs de las normas del conservar la gramática y con ello la sintaxis, la ortografía, la semántica es decir, esto del buen hablar o el buen escribir que nos enseñaron desde la niñez. Personas bien intencionadxs que claman en femenino y no exclaman en masculino: ¡el tradición, el buen costumbre y el moral disciplinador!. 

Al fin y al cabo, no es un misterio enterarnxs que estxs celosxs del lenguaje han acudido al templo o palacio de la Real Academia Española -RAE- esperando en medio de la zarza ardiente un acto de epifanía donde se manifiesten las tablas de piedra con los mandamientos del buen castellano. Aunque cabe aclarar que en la España que conocemos coexisten diferentes lenguas romances como el Gallego, Catalán, Euskera y el Castellano. Siendo ésta última la que se impuso en nuestro continente latinoamericano y caribeño avasallando las lenguas originarias.

Imagino aquel lugar similar a un gran centro de poder religioso y político donde se guardan los textos canónicos que rigen la gramática castellana. Lugar donde convergen lxs fieles del buen hablar y la escritura correcta, de quienes escriben textos maravillosos, de aquellxs que sin temblarles las manos, pueden discriminar con la pluma, el tintero y el papel a quienes consideren que no están a la altura de la divina gracia lingüística.

Alguien quizá me pregunte: ¿Por qué escribes ahora con la “x”? – mi respuesta es simple- el asunto de la “x” a mi entender es dejar al lector, la lectora o le lectore leer como se autoperciba.

A decir verdad, antes usaba la “@” (arroba) sin tener la menor idea de cómo pronunciarla. En cambio la “e” puede pronunciarse y si bien para algunxs no guste la musicalidad de la misma, no quedará otra que oírla como cuando uno viaja en algún bus en América Latina y le conductore pone música a todo volumen y no queda otra que escucharla con lo inesperado de terminar tarareando la canción.

Ahora bien, haré el ejercicio práctico del uso de la “e”, teniendo en cuenta que el proceso del lenguaje inclusivo no se reduce a un cambio de vocales.  Puesto que el lenguaje no es tan solo comunicar; la misma categoriza, representa y construye significados cargadas de sentido en las que se juegan las propias subjetividades que instituyen modelos de la realidad. La lengua castellana se impuso en nuestras tierras como una verdad absoluta desterrando las otras lenguas, calificándolas de primitivas. En mi caso, no se me enseñó hablar Runa Shimi (Quechua) por vergüenza a ser estigmatizado como “cholo”, aun cuando mis propios rasgos reflejan mis raíces originarias y ni que decir de mi propio apellido.

Esto del lenguaje inclusivo me lleva como Teólogo a reflexionar con ustedes, que la lengua a igual que los dogmas, los textos sagrados, las espiritualidades y los movimientos religiosos, no suelen ser compartimentos estancos inamovibles. Aunque, siempre está la pretensión y el deseo de que la supuesta verdad sea igual ayer, hoy y siempre, como si le Diose judeo-cristiane fuera un ser inmóvil y no dinámico.

Esto no ha sido algo ajeno a la propia la tradición judeo-cristiane, a pesar de ser la historia dinámica de une Diose que tiene una relación dialogal con su pueblo; plasmada a través de tradiciones orales, expresadas en textos y resignificadas en diversos estadios de la historia.  Relatos de la memoria de un pueblo cargada de eventos significativos que de manera recurrente surgía el llamado a la metanoia, es decir, a la posibilidad de resignificar, redireccionar, darle vuelta, o dicho de otro modo, deconstruir lo dado.

Es más, no tendría sentido la muerte y resurrección de Jesús en la tradición cristiane, sí hubiera sido un obediente cumplidor de las normas. Todo lo contrario, lo que menos hizo fue seguir los cánones de su época y no porque era un rebelde sin causa. Simplemente porque la ley perdió su verdadero espíritu y se convirtió en una mera razón de sí misma, sin alma, sin amor, juzgando, penando, matando a toda persona que osara “transgredir” la pureza de la ley.

Los relatos reflejan las experiencias vivenciadas por aquelles que pusieron en juego sus cuerpes cargades de sus historias, de sus cotidianeidades que atravesaron su ser como un todo.  Un ejemplo de este experienciar en la cultura occidental fue cuando surgió la creencia de que se puede dividir al ser humane en cuerpo, alma y espíritu. Fue así que, al cuerpo lo terminaron degradando y al espíritu privilegiando; al punto que, al alma lo acusaron de sercómplice, partícipe e ideóloge de una asociación ilícita con la carne. Podríamos decir que un nuevo paradigma aparentemente dinámico en un primer momento se constituyó en algo estático que clausuró la polisemia.

Ya en el devenir de la historia de los pueblos suele imponerse la falsa creencia que el deber ser consiste en no alterar ciertos paradigmas, como si fueran algo estático, inamovible símil a lo perfecto, a lo puro, cuando en realidad nada suele ser estático. En otras palabras, la cultura lo conforman cuerpes marcades por paradigmas instituidos, que refuerzan la interacción entre la experiencia y la percepción como un continuo reconocernos con les otres y entre nosotres como si estos modos heteronormativos de ver la realidad fueran las únicas verdades.

Sin embargo, aún en ese constante experienciarnos bajo paradigmas que hegemonizan nuestras existencias, éstas no logran controlar el movimiento dinámico de la historia. De alguna forma surgen fisuras que se van traduciendo en actos, en palabras, en relatos, en poesías, en espiritualidades, en amores diversos, en creatividades. Todo ello irá transgrediendo lo establecido, expresando que lo estático es a veces un velo transparente que enceguece nuestras conciencias.

Ahora bien, el lenguaje va en sintonía de todo este experienciar que la comunidad de seres humanxs percibe, y cuando me refiero a percibir, es al proceso en el cual le damos un significado subjetivo a las experiencias; y he aquí, juega un papel importante el lenguaje como la expresión de lo que percibimos. Transformándose en acto político, en acto de justicia, en acto dinámico que suele iniciarse como herejía, como independencia, como revolución, es decir, como quiebre de los paradigmas que pretenden ser absolutos.

En fin, si la “e” es un escándalo, un horror, una herejía, ¿Qué será decir negro, negra, bolita, villero, villera, puto, puta, homosexual, migrante, cholo, chola? Acaso todas esas palabras y muchas más no reflejan la mirada hegemónica de aquelles que dijeron alguna vez: “Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra” (Génesis 11:4).

El verso 1 del mismo capítulo relata, “Todo el mundo era de un mismo lenguaje e idénticas palabras”; le relatore se refería con “mundo” al gran imperio de Babilonia. Aquel relato oral quedó grabado en la memoria histórica del pueblo hebreo y escrita en la Torah. No lo escribió un escriba del poder babilónico, sino la comunidad que vivió la esclavitud en cuerpe, alma y espíritu, es decir, la esclavitud hecha seres humanes con identidades. A veces creo que cuando se divide la naturaleza humana se invisibiliza alguna de sus partes para legitimar el actuar del opresor.

Dominades por la imposición de una lengua hegemónica en la que subyacía como sostén legitimador un poder político, religioso, económico, de género, étnico y cultural. En tiempos actuales nuestra sociedad latinoamericana e caribeña está sostenida sobre las bases de un modelo heteronormativo colonial eurocéntrica.

Interesante notar que el acto divino de confundir aquel lenguaje hegemónico avasallador provocó un tremendo quiebre que dio surgimiento a otras lenguas. Aquel evento llevó a que cada grupo que se reconocían en esas lenguas se dispersaran para conformar sus propias comunidades.

Se ha interpretado este texto como si el surgimiento de la diversidad de las lenguas fuera el castigo a la arrogancia hegemónica de Babilonia. De manera tal, que se universalizó dicha interpretación para legitimar que el problema no era tener una sola lengua, sino la pretensión de ser dioses. A través de dicha interpretación se invisibilizaba la realidad de un pueblo sometido, siendo dicho relato la memoria histórica de su liberación de la esclavitud. Aquella “confusión” tenía un significado totalmente diferente al de los opresores, el sentido para les esclaves era “diversidad”, es decir, era la restitución a través de sus lenguas de sus identidades.

En fin, si la vocal “e” es signo de confusión para aquelles que sienten y piensan que la estructura pura del lenguaje está en crisis, comprendan, sí es que consideran hacerlo. Que estamos ante el surgimiento de aquelles rostros invisibilizades, que siempre estuvieron presentes y el propio lenguaje les invisibilizó.

José Luis Chuquiruna Santillán
Peruano.
Bachiller de grado en Teología en ISEDET, Argentina
Licenciado en Teología de UENICMLK, Nicaragua;
Diplomatura en Género, Política y Participación, UGSM, Argentina
Diplomatura en ESI, UBA, Argentina
Especialización en Gestión en Políticas de Infancia de la UNTREF, Argentina.
Ejerció el pastorado, de tradición pentecostal.
Actualmente participa en la Comunidad Menonita de Floresta, Buenos Aires
Trabaja en la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación Argentina.
Tiene tres hijxs y nietxs.
Vive en Remedios de Escalada, Buenos Aires, Argentina.
Integra la Agrupación Político, Social y Cultural Comunes, Boedo, CABA.

Cordialmente es la expresión de PASTORESxlaGENTE que fiel a sus principios no procura fijar conceptos únicos, sino que busca expresar la diversidad en la pluralidad que caracteriza al movimiento evangélico.
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