LA IGLESIA DIVERSA: LOS SIETE ESPÍRITUS

| 7 diciembre, 2020 | Responder

Los misterios de Dios. Tan insondables como accesibles.

A la hora de elegir algún teólogo o teóloga para leer o consultar, suelo tener predilección por aquellos o aquellas que son o fueron pastores y pastoras. Al margen de lo que uno pueda criticar de sus escritos, lo cierto es que sus palabras albergan música que deseo escuchar: párrafos empapados de un sudor y una ternura propia de los y las que tienen las manos en el arado, y que lograron el blend perfecto entre teoría y praxis, dando como resultando obras que enriquecen mi intelecto, y cautivan mi corazón.

Uno de ellos es el queridísimo Juan Stam, quien partió a la presencia del Señor hace muy poco, y del cual estoy disfrutando sin prisa alguna su comentario exegético sobre Apocalipsis, libro – profundamente pastoral, por cierto – al cual le dedicó más de 60 años de su existencia a estudiar con pasión (1).

Dentro de todo su análisis al capítulo uno, el autor nos invita a reflexionar acerca de lo que para él constituye la frase más difícil de interpretar de todo el libro, como parte del saludo a las iglesias: “De parte de los siete Espíritus que están delante de su trono” (v.4b) ¿Qué podría significar para los primeros lectores? ¿Querrá Juan decirnos que hay siete “Espíritus Santos” o retratar una pneumatología poco explorada?

Algunas interpretaciones sugieren que el número siete y la aclaración de que están ante su trono como servidores de Dios hacen pensar que éstos podrían ser los siete arcángeles del judaísmo tardío (cf. 8:2; Lc 1:19).16. En 3:1 Cristo se dirige al ángel de Sardis como “el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas”, mientras 5:6 identifica los siete ojos del Cordero como “los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra”. En la gran visión del capítulo 4 las siete lámparas que arden delante del trono son también los siete espíritus de Dios. Dice Stam: “Pareciera que Juan no se preocupó mucho por ser consecuente en sus expresiones ni por armonizar literalmente estas descripciones muy figuradas.”(2)

Existen muchas otras interpretaciones al respecto, pero quizás la razón principal de hablar de “los siete espíritus” habrá sido la presencia plena del Espíritu en cada una de las siete congregaciones y los “siete soplos” del Espíritu a las congregaciones (2:7,11, etc.). Muchos lo relacionan con la séptuple descripción del Espíritu en Isaías 11:2 (LXX) para dar énfasis a la plenitud total de su presencia en cada congregación y la multiplicidad de sus dones, es decir, al Espíritu mismo de Dios en sus múltiples manifestaciones.

Los misterios de Dios. Tan insondables como accesibles… ¿Qué decir, por ejemplo, de la Trinidad?

Hace días que medito sobre lo relatado hasta aquí, y me pregunto:

¿En qué consiste la multiforme gracia de Dios (1P 4.10) y cómo se manifiesta?

¿Cuáles son los alcances de la oración de Jesús en Juan 17:21, en relación a que seamos “uno”?

¿Unanimidad, unidad o unicidad? ¿Qué busca Jesús a la hora de hacer y pensar la iglesia?

De todos modos, hay algo que a esta altura tengo en claro: Dios es multiforme. Es uno, pero diverso. Lo es en su Esencia, y por ende, también en su trascendencia. Por eso yo, sabiéndome parte de Su cuerpo, debo abrazar esta realidad. Como iglesia, esta cualidad del Creador es y será siempre parte de nuestro acierto y fortaleza para llevar adelante la misión.

Sin embargo, no siempre se entiende así. Es decir, de la boca para afuera, es frecuente oír como muchos y muchas alzan estas banderas, pero en su práctica y decisiones cotidianas, tanto hacia adentro de las comunidades como en su trato y relación con otras, éstas parecen no flamear con el viento de libertad del Espíritu, quien sopla como quiere. Al parecer, lo diferente asusta, repele; es una especie de “enemigo” a vencer: como sea hay que extirparlo del cuerpo lo más rápido posible, no vaya a ser que contamine al resto. Lamentablemente, existe una cuestión más de fondo, y es que lo diferente se convierte en amenaza a los planes de unos pocos pensados para ser obedecidos por todos y todas, retrasando y obstruyendo los plazos y objetivos trazados por los mismos. ¿Será que el Espíritu de Dios se mueve de esa manera?

Hay mucha tela para cortar. Por eso, en la siguiente nota que va como continuación de ésta, desarrollaré un concepto que vengo “masticando” desde hace un tiempo.

¡Conversemos!

(1) “Yo puedo decir que mi vida ha sido toda una aventura emocionante con el Apocalipsis, especialmente desde mis estudios con mi amado profesor George Eldon Ladd, en el Seminario Fuller. He escrito un comentario exegético de cuatro gruesos tomos sobre ese libro. He estudiado cada versículo en el griego original, consultando a veces hasta cien libros sobre un versículo (comentarios, léxicos, diccionarios bíblicos, textos de teología bíblica y de teología sistemática y libros de historia antigua), luchando por captar el significado del texto. Comencé el comentario cuando estaba relativamente joven y terminé ya viejo. Para concluir mi comentario cito a un copista antiguo que al fin de su largo manuscrito suscribió: “El fin, a Dios las gracias” Jacqueline Alencar, “Juan Stam: Leamos el Apocalipsis en clave pastoral”, en Magacín, supl. de Protestante Digital, 16 de febrero de 2014,http://protestantedigital.com/magacin/14253/Juan_Stam_Leamos_el_Apocalipsis_en_clave_pastoral

(2) Pág.49 de su Comentario Bíblico.

Guillermo Rodríguez
Papá · Baterista visceral · Pastor bautista · aprendiz de teólogo
Vicepresidente del Movimiento de Emergencia Comunitaria.
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