TEOLOGÍA DEL DESCARTE

Un análisis en la era del hielo…

¿Teología del descarte? ¿Existe una pastoral o liderazgo que se descarta injustamente?

Bienvenidos a la era del hielo, era en que congelan, etiquetan y lanzan a personas a una especie de destierro ministerial. Lo más frío de todo este asunto sea quizás la manera en cómo se desligan y deshacen de quienes ya no logran estar a la “altura” de esa agenda o ambiciones disfrazadas de “sueños del corazón de Dios”.

Cuando ya no les servís te descartan. No es por la edad, por alguna situación de inmoralidad, o por mal testimonio. Tampoco tiene que ver dones que se perdieron, es decir, no falta la voz para predicar y no tiembla la mano para escribir un sermón, y tampoco tiene que ver con negarse a visitar a una persona en el hospital o con dejar de asistir familias en necesidad de un techo. La razón es simple: uno ya no es funcional a los intereses que tienen.

Obvio que nunca dirán sus planes, y es así que creemos que todo está bien: se corta la cinta, se inaugura un templo, hay fotos y torta. Pero como no se puede perder o restar en una iglesia, sólo multiplicar, el que no continúa plantando iglesias jamás crecerá en ese status invisible de recompensas y privilegios.

Nos ilusionan y desilusionan. Así ocurre, nos llaman, hacen una entrevista, prometen cumplir, pero lo resuelven a su manera; si llegan a pedir perdón es un milagro, reconocer un error cuesta horrores. Y aunque te enterás por otros que te descartaron, lo interesante es que uno sigue con ganas de servir y de acompañar, porque pastorear es justamente eso: estar entre las personas en sus diferentes etapas de la vida sea cual fuere, sosteniéndolos, guiándolos y nutriendo su espiritualidad de la mejor forma posible.

No somos señores, no nos servimos de la gente, eso está claro.
Pero en esa agenda institucional ambiciosa los números, estadísticas, cantidad de bautismos, miembros que se añaden sin importar cómo, un equipo ministerial que crece, una iglesia con templo grande, finanzas de igual tamaño y reportes que reflejen “éxito” parecieran ser más importantes que bancar a un pastor que según ellos ya no es prometedor, que no genera cambios, que no avanza o “hace crecer” la iglesia. ¿Cómo van a invertir, apoyar o enviarle alguna donación a un pastor que le toca oficiar ceremonias de sepelio, enfrentarse a un narco, o que acude a la necesidad de personas ajenas a su propia congregación, que pastorea sin hacer sobre sí alguna comparación exitista sobre lo que obtiene, o que no cede al oportunismo ni se aprovecha de la generosidad de las personas?

Parece un patrón común en algunas teologías que llevan debajo de las camisas hawaianas y acentos cuasi militares un liderazgo dictatorial: Gozan del disfrutar comida gourmet, viajes en avión, y todo tipo de privilegios a costa de quienes entregan sus vidas en la primera línea de batalla. Sus sagradas vacaciones siempre están, pero las del pastor y su familia nunca están; si tienen obra social o aguinaldo parece no importar, o si se llueve la casa, pero si no hace una campaña para ganar almas “perdió el fuego” o “se está enfriando”; si tiene para sus medicamentos no importa, pero si no reporta con fotos los logros de su iglesia pasa a las filas del descarte. Pasa en las empresas, ¿no? Crecer y triunfar es la meta.

¿Será así como Jesús pensó la iglesia? Él fue claro cuando dijo que son los gobernantes los que se enseñorean de los demás, pero en su Reino los primeros son los que sirven, no los que se sientan en la mesa.

No importa el grado ministerial que tengan estos señores. No importa si tienen un título teológico o son reconocidos profesionales. Al parecer, ello no trae consigo coherencia, cordura o sentido común. Atropellan, embisten con crueldad, sin misericordia la vida de ministros con calle, experiencia y manos sucias por tomar con firmeza el arado, poniendo el pecho a toda tempestad.

En verdad no sé si existe la teología del descarte. Lo único claro es que ciertas estructuras le dan más énfasis a lo político que a la misión de proclamar las Buenas Nuevas. La hipocresía se disfraza de elocuencia, la injusticia de justicia, lo desfachatado de prolijo, lo desordenado de ordenado, la honra de adulación.

Jesús a un ciego de nacimiento lo sano con saliva untada en tierra, formando barro y poniéndolo en sus ojos. Mi pregunta es: ¿Tendrá también la cura para todo tipo de ceguera?

Permítanme tener esperanza y creer que sí.
Quizás lo que no se puede ocultar y deba saberse es la cantidad de personas descartadas que siguen siendo honradas y tenidas en alta estima por Dios. Hombres y mujeres de gran experiencia que tienen medallas por todo lo que hicieron, sufrieron y soportaron. No hubo una ceremonia de graduación en honor a ellos, pero Dios los ve.

Caminan con la frente en alto, con la paz de saber que fueron fieles a sus convicciones, aunque eso implicó ser valientes y renunciar a ese sistema y disfrutar de no depender de ninguna cobertura humana. Renunciaron y fueron felices, libres.

Ahora ellos restauran, levantan y ayudan a que vuelvan a ponerse en pie a los desclesiados*, desterrados, abandonados, excluidos.

Aman a los que se divorciaron, restauran a los que se equivocaron en su matrimonio sin exponerlos ni condenarlos.
Tampoco deciden cuál mujer merece llevar el vestido blanco en su boda y cuál no. No señalan la música que deben escuchar, saben respetar los espacios, momentos y decisiones que toman las personas, aunque no estén de acuerdo.

Están lejos de ser arbitrarios y quitarles a las personas la individualidad, libertad y esa gracia que Jesús derramó sobre cada una y cubre toda su vida sin excepciones, incluyendo el pasado y presente. Consuelan con eficacia sacando del propio dolor lecciones valiosas y trazan un camino donde la vocación pastoral no pierde su esencia: amar y acompañar, darlo todo como lo hizo Jesús. El no descarta a nadie. Al contrario, recibe y perfecciona la vida de cualquier persona.

Quizás jamás lleguemos a conocer sus nombres y apellidos. Algunos ya son ancianos. Y están los jóvenes, esos hijos e hijas que lo dieron todo. Ellos son los verdaderos protagonistas, los que con la armadura gastada siguen levantando el nombre de Jesús bien alto.
Algo es seguro. Cuando el hombre mete la pata, Dios pone su mano. Cuando el hombre te baja el pulgar, Dios sigue con el pulgar arriba.
Quizás fuiste descartado por el hombre, pero nunca serás rechazado por Dios.

*El concepto de “desclesiados” está tomado de una nota del pastor Guillermo Rodríguez: http:// www.cordialmentepxg.com/2020/12/21/la-iglesia-diversa-los-desclesiados/

Benjamín Sandillú
Pastor de CONEXIÓN, una comunidad de fe en Picún Leufú, Neuquén. Casado con Andrea
Papá de Bautista y Milton
Estudiante de teología y Ciencias de la Educación.

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Categoria: Edición 23 | NUESTRA AMÉRICA: SER IGLESIA HOY, entrega 8, PASTORAL, Teología Pastoral

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